Luisa Baron | Médica psiquiatra especialista en Fertilidad

Infertilidad

Cuando hablamos de Infertilidad…

Hasta el momento de concebir un hijo, la principal preocupación de la pareja está en prevenir la concepción. Muchas veces, la gente asume que los métodos anticonceptivos son los que evitan el embarazo, cuando en realidad lo que desconocen es que alguno de los integrantes de la pareja es infértil.

La infertilidad se ha agudizado en los últimos 10 años. En Argentina, un 15% de la población en edad de concebir experimenta problemas con su fertilidad, el 50% de los casos se presenta en los hombres y el otro 50% en las mujeres. En los últimos años, las estadísticas indican que la tendencia va en ascenso de un 15% a un 20%.

Son varias las causas que incrementan esta tendencia: la anticoncepción en las mujeres después de los 25 años (cuando comienza a decaer su etapa fértil), uso prolongado de pastillas anticonceptivas, problemas de stress, factores psicofísicos, enfermedades venéreas y mayor exposición a toxinas ambientales ocasionadas por el menor uso del preservativo, anorexia y bulimia, malas políticas sanitarias, desnutrición, embarazos indeseados, abortos mal realizados, entre otros.

Se considera infértil a una pareja que no puede concebir un embarazo luego de un año o más de actividad sexual regular sin utilizar métodos anticonceptivos ó a la imposibilidad de llevar adelante un embarazo hasta el nacimiento del niño.

La infertilidad está considerada primaria cuando la pareja no ha concebido, y secundaria cuando la pareja tiene por lo menos un niño pero no puede volver a concebir. Se diagnostica Esterilidad a la imposibilidad de concebir en alguno de los miembros de la pareja.

El pico de fertilidad en las mujeres es alrededor de sus 25 años y declina gradualmente a partir de los 30 años, período en el que empieza a decaer más rápidamente. En el caso de los hombres, la fertilidad comienza a disminuir a partir de la adolescencia. La posibilidad de concebir en un hombre de 40 años es de un tercio en comparación a un hombre de 20 años.

Los aspectos de la historia personal de cada individuo – clínica, psicológica y social – tienen mucho que ver con las posibilidades de concepción. Los métodos de control de natalidad, las enfermedades de transmisión sexual, las infecciones urinarias no diagnosticadas, desbalances hormonales, abortos realizados bajo malas condiciones sanitarias, abortos espontáneos, anormalidades uterinas, experiencias obstétricas adversas y desordenes genéticos, todas estas causas externas pueden afectar el proceso de embarazo incluyendo la propia posibilidad de concebir.

Muchas parejas infértiles logran concebir, muchas otras no. Son muchos los factores que pueden influir en cada experiencia personal, especialmente la actitud. La infertilidad por definición es previa al embarazo.  Desilusión, frustración y negación, son sentimientos comunes en una pareja infértil.

Factores Psicológicos de la Infertilidad

La historia del deseo del hijo, en la mujer, empieza mucho antes de llegar a la primera consulta médica por infertilidad. Desde pequeña, independientemente que sea un hecho cultural o instintivo, la niña juega a tener hijos, nutre y cuida. El juego del embarazo y las elucubraciones sobre el parto son parte de un desarrollo normal. La menstruación es signo de salud

Más tarde, la aparición de la menstruación, cuando existe el deseo de tener un hijo, la recibe con desilusión y tristeza que sólo mitiga el inicio de siguiente ciclo. La mujer tiene un organismo preparado para el embarazo. Cuando no lo logra siente atacada su feminidad. Vive este hecho como un castigo. Siente envidia hacia los embarazos de otras y evita el contacto con niños y panzas. Como consecuencia surge un aislamiento voluntario. En algunos casos, presionada por su reloj biológico, comienza a vivir esta situación con gran ansiedad. La tristeza deviene en depresión.

En el hombre, el deseo de paternidad aparece más tardíamente. Si bien no es el juego elegido por los niños pequeños, en algún momento de su desarrollo incluirán en sus fantasías formar una familia como parte de su planificación de vida.

En la adolescencia es entrenado para no embarazar: se le explica que un solo espermatozoide puede generar el embarazo no deseado. Pero cuando este deseo aparece, recién comprende que este espermatozoide debía estar acompañado por varios millones más, con movilidad, forma y capacidad de penetración que no siempre tienen. Menos conectado que la mujer a su aparato reproductor, lo conoce  por su carencia.

En una sociedad donde la capacidad de engendrar, la masculinidad y la virilidad están indisolublemente ligadas, el hombre tiene sentimientos de inferioridad y temor frente a su posible infertilidad. Ha sido educado para autoabastecerse y controlar sus emociones, por lo que vive su experiencia en soledad.

La infertilidad implica así una crisis que genera intenso stress, tanto individual como de pareja. En esa crisis ambos son parte del problema, comparten las emociones pero las enfrentan con diferentes modalidades, propias a la diferencia de los sexos.

En muchos casos los tiempos de la pareja son diferentes, uno es optimista y el otro pesimista. La negación, componente normal de las primeras etapas de la búsqueda de uno, puede oponerse a la ansiedad del otro. Frente a un diagnóstico de patología uno puede sentir que le hizo perder al otro un tiempo irrecuperable.

Atraviesan juntos una larga cadena de pérdidas: autoestima, confianza en si mismos, comunicación y placer, que va tiñendo otros aspectos de su vida. El embarazo que no se logra ocupa una gran parte del tiempo y ambos temen perder en este camino el vínculo amoroso, que es lo único concreto que tienen.

Habitualmente la infertilidad es diagnosticada y tratada en el cuerpo, y como tal aparece en el discurso manifiesto de quienes la sufren. Desde la perspectiva psicológica, no se trata de sustituir la causalidad orgánica por la psíquica, sino de abordarla como un síntoma que, si bien está situado en el cuerpo, no por ello deja de ser enigmático.

La Infertilidad puede prevenirse

La infertilidad es un problema social en aumento, tanto en Argentina como en el mundo, y se ha agudizado notoriamente en el término de los  últimos 10 años. En Argentina, un 15% de la población en edad fértil tiene problemas de concepción.

En la literatura científica y congresos mundiales especializados en el tema se le da un lugar relevante a los tratamientos de reproducción asistida, que han tenido enormes avances técnicos y científicos, y los cuales han proporcionado  grandes soluciones a los pacientes que sufren infertilidad una vez que el problema fue localizado.

Pero el hecho de que  históricamente la infertilidad sea vista como “un designio divino”, “un destino fatal” frente al cual no hay nada que hacer y es inmodificable, no permite concebir el concepto de que la prevención es posible. La infertilidad, en gran parte de los casos, es la consecuencia y no la causa del problema.

La falta de información acerca de las causas que a largo plazo alteran el aparato reproductor humano, es una de las causantes de que gran parte de este porcentaje de población con problemas con su fertilidad no hayan sido evitados.

Métodos de reproducción asistida

Generalmente, la reproducción asistida no constituye el primer recurso en el tratamiento de la esterilidad. Las opciones disponibles para el tratamiento son muchas y dependen del diagnóstico y el tipo de esterilidad detectada. Hay un considerable número de decisiones que deben tomar los pacientes y los médicos.

Cuando se considera que la reproducción asistida es una opción apropiada, los procedimientos disponibles son: Inducción de la Ovulación (con medicamentos para la fertilidad), Fertilización In Vitro (FIV), Transferencia de Gametos a las Trompas de Falopio (GIFT), Inseminación Artificial proveniente de un donante, Inseminación Intra Uterina con o sin Superovulación (IUI), Donación de Óvulos aunada a FIV y la Inyección Intracitoplásmica de Esperma (ICSI) aunada a FIV.

Inducción de Ovulación

La inducción de la ovulación se basa en la estimulación de los ovarios (con medicamentos para la fertilidad) para producir un pequeño número de óvulos y permitir la fertilización mediante una relación sexual normal. Este tipo de tratamiento es más adecuado en las mujeres que presentan trastornos hormonales y/o síndrome de ovario poliquístico.

Fertilización in Vitro (FIV)

La FIV es el procedimiento de reproducción asistida que se practica con mayor frecuencia en el mundo. Consiste en retirar varios óvulos de los ovarios para fertilizarlos con el esperma del hombre en el laboratorio y en transferir los embriones seleccionados resultantes a la matriz para su implantación y el desarrollo del embarazo. Globalmente, la tasa de nacimientos derivados de la FIV es de aproximadamente 15% para cada ciclo de tratamiento.

Transferencia de gametos a las trompas de Falopio (GIFT)

El GIFT se diferencia de la FIV en que los óvulos recolectados del ovario vuelven a transferirse a la Trompa de Falopio casi inmediatamente después de su recolección, junto con una pequeña muestra de esperma. Por lo tanto, a diferencia de la FIV, la fertilización no se lleva a cabo in vitro (es decir, en el laboratorio), sino en su ambiente natural: la Trompa de Falopio.

El índice de embarazos con el GIFT depende de circunstancias individuales, aunque se ha reportado un porcentaje hasta de 36% por cada ciclo de tratamiento y un tasa promedio de nacimientos de bebés vivos de 26%.

Inseminación Artificial

Los estudios más recientes sobre la Inseminación Artificial sugieren que los mejores resultados se obtienen cuando la inseminación coincide con la ovulación inducida por medicamentos para la fertilidad, como en la FIV y el GIFT. Sin embargo, es importante que los médicos que aplican este procedimiento de estimulación ovárica realicen un monitoreo del tratamiento con medicamentos para asegurarse que no se estén desarrollando demasiados folículos en el ovario, lo que puede aumentar el riesgo de un embarazo múltiple.

Al acercarse el momento de la ovulación, una muestra de esperma del hombre se prepara y coloca en el cuello del útero o en la parte superior del útero de la mujer. Este procedimiento se conoce como Inseminación Intra Uterina ó IUI.

La tasa de éxito de la IUI después de la estimulación ovárica (superovulación) es de 10 a 15% por ciclo, pero puede llegar a ser hasta de 50% después de varios intentos en un año.

Donación de Espermatozoides

En casos en los que el hombre presente alteraciones severas del esperma y azoospermia (ausencia total de espermatozoides), pueden utilizarse muestras congeladas de esperma de donantes anónimos. Todos los donantes de esperma deben someterse a un examen para la detección de enfermedades genéticas y virus.

Donación de Ovulos

La Donación de Óvulos (Ovocitos) es un tratamiento que puede generar controversias de tipo ético y en el que el asesoramiento es siempre importante. El tratamiento fue diseñado para mujeres que no producen óvulos ó para mujeres que padecen enfermedades genéticas que pueden transmitir a sus hijos.

Los óvulos obtenidos de la donante son fertilizados con una muestra preparada de esperma de la pareja de la receptora. Dos o tres días después de la fertilización se transfieren al útero hasta tres embriones y el resto generalmente se conservan para ser utilizados posteriormente.

Las donantes de óvulos requieren del mismo tratamiento con medicamentos y monitoreo antes de la recolección de los óvulos que las mujeres que se someten a la FIV o al GIFT. En ocasiones se trata de familiares o amigas cercanas. Todas las donantes potenciales y voluntarias deben someterse a un proceso de selección para detectar posibles enfermedades genéticas y virus.

Mientras la donante se encuentra en el programa de estimulación ovárica y recolección de ovocitos, la receptora debe prepararse para el embarazo por medio de hormonas, estrógeno y progesterona, para imitar un ciclo de embarazo normal en el cual aumenta el grosor del revestimiento del útero para la implantación del embrión fertilizado.

Como lo han demostrado muchos estudios. El éxito en la donación de óvulos no depende tanto de la edad de la receptora sino de la edad de la mujer donante. Se ha comprobado que los óvulos de las mujeres menores de 35 años son mucho más susceptibles de fertilización y embarazo.

Se ha comprobado que la Donación de Óvulos es una técnica satisfactoria de reproducción asistida y es el único tratamiento disponible para las mujeres que no producen óvulos. A pesar de su éxito, el uso de ésta técnica sigue siendo limitado, principalmente debido a la poca disponibilidad de donantes de óvulos.

Fertilización por inyección Citoplasmática de espermatozoides (ICSI)

En la concepción normal, una sola eyaculación puede contener más de 200 millones de espermatozoides viables, sin embargo, solo algunos cientos de ellos llegarán al óvulo liberado en la Trompa de Falopio y tendrán oportunidad de fertilizarlo. Antes se pensaba que era imposible tratar a los hombres con un conteo de espermatozoides inferior a 20 millones; actualmente, el ICSI permite la fertilización de un solo espermatozoide en el óvulo.

En la actualidad, esta técnica se ha desarrollado  para tratar la esterilidad no solo en los hombres que producen esperma de mala calidad, sino en los pacientes con ausencia total de producción de esperma ó algún otro trastorno testicular.

Este procedimiento requiere que el hombre proporcione una muestra de esperma a través de la eyaculación normal, o a través de la técnica de Mesa (Aspiración Microepididimaria de Esperma) que consiste en retirar semen del epidídimo; o a través de la técnica TESE, en la cual los espermatozoides son extraídos de una pequeña biopsia del tejido testicular. La preparación y selección de los espermatozoides, crucial para el éxito del ICSI, se lleva a cabo mediante un proceso de lavado y clasificación. Este procedimiento con el esperma permite obtener solo algunos espermatozoides viables de una muestra que, de otra manera, no se consideraría útil.

Mientras, la mujer debe someterse al procedimiento rutinario de hiperestimulación ovárica y recolección de óvulos.

La técnica del ICSI se lleva a cabo mediante el uso de los más potentes microscopio e instrumentos de manipulación microscópicos. Debido al riesgo teórico de que la esterilidad del hombre derive de una enfermedad hereditaria, es posible que se requieran asesoramiento y estudios genéticos.

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