Luisa Baron | Médica psiquiatra especialista en Fertilidad

Aspectos Psicológicos en Ovodonación

Autora: Dra. Barón Luisa

col. Dra. Abrines Hebe

Asociación Psicoanalítica Argentina  Sociedad de Fertilidad

Introducción

Las técnicas de fertilización asistida produjeron desde sus comienzos una verdadera conmoción, no solo a nivel científico sino también a nivel del discurso social desde donde se han planteado toda clase de cuestionamientos. El resultado de estos tratamientos no constituye la cura de una patología determinada sino el advenimiento de una nueva vida cuyo bienestar dependerá en gran medida de que la práctica efectuada no conlleve consecuencias psicológicas traumáticas.

Tradicionalmente el acto médico implica al médico y al paciente. En el caso de la reproducción asistida interviene el médico, una pareja y su futuro hijo. Esta situación se vuelve aún más  compleja en el caso de la Ovodonación,  al sumarse la presencia de una donante.

El presente trabajo surgió como resultado de un grupo de reflexión acerca de los aspectos psicológicos en fertilización asistida.

Nuestro punto de partida fue  la experiencia de una de nosotras a lo largo de diez años durante los cuales fueron vistos más de 500 casos de parejas involucradas en estos tratamientos de Ovodonación, de los cuales nacieron aproximadamente 260 niños. El apoyo psicológico se llevó a cabo en dos centros de fertilización asistida y en consulta privada.

El tema despertó en nosotras inquietud y preocupación generando siempre más  preguntas que respuestas. Nuestra intención fue acercarnos con el menor prejuicio posible a una realidad psicológicamente complicada y esperar que fueran los niños gestados por este procedimiento los que nos enseñaran el camino.

Dentro de este marco nos planteamos estudiar algunas cuestiones psicológicas específicas que se plantean a partir de la implementación de la Ovodonación. Nuestro trabajo toma en cuenta temas referidos a las pacientes receptoras, a las donantes y a los niños nacidos de estos tratamientos.

Infertilidad

La historia del deseo del hijo en la mujer empieza mucho antes de llegar a la primera consulta médica por infertilidad. Desde pequeña, independientemente de que sea un hecho cultural o instintivo, la niña juega a tener hijos, nutre y cuida. El juego del embarazo y las elucubraciones sobre el parto son parte de un desarrollo normal.

Ya en la pubertad se prepara con ansiedad para la aparición de la menstruación como signo de madurez y capacidad de engendrar. La misma es hasta ese momento equivalente a salud. Mes a mes la acompañará  y en el caso de mantener relaciones sexuales, la tranquilizará  mientras no exista el deseo de tener un hijo.

Más  tarde, cuando toma la decisión de tenerlo, el ciclo ya no es un camino hacia la menstruación sino que se convierte en el ferviente deseo de que esto no ocurra. Los síntomas se confunden con los de embarazo y la menstruación es recibida con desilusión y tristeza que solo mitiga el inicio del próximo ciclo. A medida que ésto se repite, aparecen sentimientos de vacío y desamparo. La mujer tiene un organismo preparado para el embarazo y por lo tanto siente que su femineidad puede estar atacada. Vive este hecho como un castigo. Secretamente lo asocia con situaciones anteriores, vividas con culpa: abortos provocados, relación hostil con la madre, etc. Siente envidia hacia los embarazos de otras  y evita el contacto con niños y panzas. Como consecuencia surge un aislamiento voluntario. Cuando expresa frente a otros sus experiencias, recibe en ocasiones juicios de valor sobre su ansiedad y el “escaso” tiempo que transcurrió desde el comienzo de la búsqueda. Esto sumado a los sentimientos de inferioridad por los que atraviesa, hace que tema estar viviendo con desmesura esta situación generándole   inclusive fantasías de anormalidad. Siente que su identidad, su futuro y su pareja podrían correr peligro. En algunos casos, apurada por su reloj biológico comienza a vivir esta situación con gran ansiedad y características de idea fija. La tristeza deviene en depresión.

En el hombre el deseo de paternidad aparece más  tardíamente. Si bien no es el juego elegido por los niños pequeños, en algún momento de su desarrollo, incluirán  en sus fantasías formar una familia como parte de su planificación de vida.

En la adolescencia es entrenado para no embarazar. Se le explica que un solo espermatozoide puede generar el embarazo no deseado. Más  adelante cuando siente que está  preparado, recién comprende que este espermatozoide debe estar acompañado por varios millones más , con movilidad, forma y capacidad de penetración que no siempre tienen. Menos conectado que la mujer durante su desarrollo a su aparato reproductor, a veces solo lo conoce por su falencia. En una sociedad donde la capacidad de engendrar, la masculinidad, y la virilidad están  indisolublemente ligadas, el hombre tiene sentimientos de inferioridad y temor frente a su posible infertilidad.

Como tiene menor  necesidad de comunicación y mayor capacidad de disociación que la mujer, junto con un aprendizaje para autoabastecerse y controlar sus emociones, vive su experiencia en soledad.

La infertilidad es siempre una crisis que genera intenso stress, tanto individual como de pareja. Probablemente la primera que ambos enfrentan en forma conjunta. Hasta el momento uno puede haber sido el apoyo del otro. En esta crisis ambos son parte del problema. Comparten las emociones, pero las enfrentan con diferentes modalidades, propias de las diferencias de los sexos, cada uno con su bagaje y su personalidad.

El paciente no es uno, son dos y es difícil que coincidan. Sus tiempos son diferentes: ¿Cuándo es el tiempo de realizar la primera consulta? ¿Seguimos esperando? Y ya en el tratamiento: ¿Cuándo intentar otra inseminación o pasar a otra técnica de mayor complejidad? Uno es el optimista, otro es el pesimista.

La negación, componente normal de las primeras etapas de la búsqueda de uno puede oponerse a la ansiedad del otro. Frente a un diagnóstico de patología uno puede sentir que el otro le hizo perder un tiempo irrecuperable.

Atraviesan juntos una larga cadena de pérdidas: autoestima, confianza en sí mismos, comunicación y placer que van tiñendo otros aspectos de su vida .A estas pérdidas se suman la de la independencia y la privacidad que desde la etapa diagnóstica (con sus horarios pautados ,  exámenes post-coitales, estudios,  maniobras dolorosas) provoca una invasión necesaria del médico que deja a ambos muy expuestos con respecto a aspectos de su vida que nunca antes habían salido de su intimidad.

El embarazo que no se logra ocupa una gran parte de sus vidas y ambos tienen temor de perder en este camino el valioso vínculo de pareja que es lo único concreto que tienen. La infertilidad es habitualmente diagnosticada y tratada en el cuerpo, y así aparece en el discurso manifiesto de los pacientes. Desde nuestra perspectiva no se trata de sustituir la causalidad orgánica por la psíquica sino de tomar a la infertilidad como un verdadero síntoma que si bien está  situado en el cuerpo no por ello deja de ser enigmático.

Todos conocemos las influencias negativas que la sociedad ejerce sobre estas parejas, agregando factores de presión, tanto a nivel familiar como social.

El médico en esta especialidad recibe proyecciones de sus pacientes en forma constante y en muchas ocasiones se identifica con ellos. Idealizado si logra el embarazo, pero cuestionado si no lo hace, a veces vive los límites de la técnica como si fueran fracasos propios y se siente impotente. Si tenemos en cuenta que sus chances de éxito son sólo de un 30 a 40 % comprendemos que también resulte difícil emocionalmente para él.

El psicoanalista incorporado al equipo tendrá  como función crear un campo de interacción para que puedan ser verbalizadas las emociones y la fuerte ambivalencia que genera el procedimiento. Ofrecer una escucha sobre lo que el paciente no puede decir debido a la naturaleza inconciente de sus fantasías.

Ovodonación

Consignamos a continuación los aspectos médicos de los procedimientos de ovodonación . La práctica de usar espermatozoides donados para lograr un embarazo permite desde hace mucho tiempo la oportunidad de embarazar y tener un niño parcialmente propio, genéticamente hablando, a parejas con infertilidad masculina.

En 1984, sólo  seis años después del nacimiento del primer bebé FIV, el primer embarazo a través de Ovodonación fue confirmado. La ventaja de la donación de gametos femeninos es que le da a la mujer la posibilidad de acceder al embarazo, parto y lactancia.

El hombre en la donación de espermatozoides, no tiene un papel activo. Las tasas de embarazo por ovodonación (40% de éxito) son más altas que las del procedimiento FIV, porque en general sólo se usan donantes jóvenes (de no más  de 35 años de edad), y la edad de la mujer junto con la calidad del esperma, son un factor crucial y determinante para las tasas de embarazo.

No hay una gran cantidad de investigaciones psicosociales sobre donantes de esperma o sobre familias creadas a través de inseminación con donantes.

El Tratamiento Médico

La Ovodonación se logra usando procedimientos altamente técnicos, en combinación con drogas de fertilización. El principal desafío médico de la Ovodonación es sincronizar la obtención de ovocitos de la donante con la receptividad del endometrio de la receptora. Esta sincronización es importante porque hasta la actualidad  (a pesar de que hay dos casos en el mundo) los ovocitos no pueden ser congelados para usarlos en otro momento, y si el endometrio no está  listo para recibir el embrión, el embarazo no ocurre.

Las donación de gametos es un derivado directo de la fertilización in vitro. La FIV es la primera técnica que permite extraer por punción el óvulo de la mujer fuera del cuerpo de ésta y unirlo al espermatozoide de su pareja en el microscopio.

La donante es una paciente de otros tratamientos de fertilización asistida. Por necesidad de la técnica se estimula la ovulación, pero no puede controlarse el número de ovocitos que se producen. Se obtiene así una mayor cantidad de ovocitos que la que se utiliza.

Por otro lado, existe un grupo de pacientes, receptoras, que no logra el embarazo debido a su carencia total de producción de ovocitos. Las pacientes que han sufrido en edades jóvenes, cáncer de ovario, tratamientos quimioterapéuticos por cáncer en otros órganos, remoción quirúrgica de ovarios, agenesia de ovario, enfermedades endocrinológicas tales como tiroiditis, enfermedades autoinmunes, falla ovárica precoz, etc.

Este procedimiento fue pensado desde el punto de vista médico para utilizar ovocitos que hasta ese momento se descartaban.

Estos ovocitos son extraídos quirúrgicamente cuando están maduros. Inmediatamente después de la punción, los ovocitos son inseminados con el esperma del marido de la mujer receptora, se espera la fertilización, la cual ocurre in vitro, y a las 48-72 horas se transfieren los pre-embriones al útero por medio de una cánula.

Para lograr un endometrio normal, la receptora requiere una cuidadosa administración y monitoreo del suplemento de estrógeno y progesterona. Las hormonas son cronometradas para que cuando los ovocitos de la donante sean fertilizados con el esperma del marido de la receptora y los embriones estén listos para la implantación, su útero también esté preparado. En el momento en que este trabajo comenzó no existía aún la posibilidad de criopreservación. Su advenimiento ha hecho que en la actualidad haya menor cantidad de pacientes que deseen donar.

Modalidad de trabajo

La consulta psicológica forma parte de la rutina del programa de Ovodonación. Esto es válido tanto para la pareja receptora como para la pareja donante. Llegamos a esta conclusión después de haber ensayado diferentes formas de incluir las entrevistas en el tratamiento. Las parejas llegan derivadas por el médico. Las consultas se realizan en consultorios especialmente destinados a ese fin en los centros de fertilización asistida, o en consultorio privado en caso de derivaciones de médicos que trabajan en forma independiente.

El objetivo de las mismas es crear un campo de interacción entre

el  paciente y el terapeuta para poner en palabras los interrogantes, ansiedades y temores que genera el procedimiento.

En la relación con el médico la demanda del paciente es lo que desencadena los estudios y el tratamiento. En la consulta psicológica el objetivo es que el deseo inconciente que subyace a esa demanda pueda hallar nuevas formas de expresión.

Debemos tener en cuenta que estos pacientes no requieren nuestra ayuda desde un deseo de psicoanalizarse. A partir de esto nos cuestionamos si nuestro trabajo con estos pacientes puede ser considerado conceptualmente psicoanalítico.

Hay paradigmas que determinan si una terapia puede considerarse Psicoanálisis. A través del tiempo esta disciplina ha sufrido cambios y se ha abierto el camino a nuevas posibilidades adaptándose al devenir del tiempo y a los avances científicos. El trabajo analítico va más allá del acto concreto de la cura. Así, desea encontrar explicaciones acerca del origen de las enfermedades e investiga los cambios y fenómenos dados en el curso de una terapia. Freud considera que el mejor modo de asegurarse de que la técnica implementada sea de corte psicoanalítico es la estricta aplicación de las reglas por él impartidas. En lo que hace a nuestra tarea nos basamos en dichas reglas. La asociación libre, la neutralidad y la abstinencia. Técnicamente, nos valemos de la interpretación que facilita atravesar la censura y acercarnos al inconciente. El trabajo con la transferencia y la resistencia permite conseguir modificaciones que si bien son específicos apuntan a lo estructural. El establecimiento del encuadre mantiene las constantes de tiempo y espacio necesarias para permitir que se desarrolle un proceso terapéutico. En dicho proceso la regresión se ve favorecida aunque en este caso debemos mantenerla en un nivel tolerable para el Yo.

En “Dos Artículos de Enciclopedia, Psicoanálisis y Teoría de la Libido” -1923- dice Freud: “El Psicoanálisis no es un sistema que parte de algunos conceptos básicos y procura apresar con ellos el universo todo, más bien el Psicoanálisis adhiere a los hechos de su campo de trabajo, procura resolver los problemas inmediatos de la observación, sigue tanteando en la experiencia …soporta que sus premisas sean provisionales y espera del trabajo futuro su mejor precisión”.

La tarea con parejas estériles, el acompañamiento durante el largo tratamiento que encaran, la observación y eventual intervención en el vínculo madre-bebé, así como el seguimiento de los niños nacidos por este método nos permite considerar que se trata de una labor que va más allá del mero “acompañar” para acercarnos a la compleja comprensión de la problemática inconciente. Ponerse a prueba en un campo nuevo implica para el analista la necesidad de forjar una nueva herramienta que él considera como una creación.

“La primera intención del Psicoanálisis fue la de llegar a comprender las perturbaciones de la vida anímica humana ya que una experiencia singular había mostrado que en tal terreno la comprensión coincide con la curación y que hay un camino que conduce de la una a la otra. Cuando se reconocieron las íntimas relaciones entre los procesos patológicos los llamados normales el Psicoanálisis se convirtió en una psicología abisal y nacieron espontáneamente las aplicaciones del Psicoanálisis a nuevos sectores científicos.” Freud -”Nuevas Lecciones Introductorias al Psicoanálisis”.

Acerca de la Donante

Apenas abierta la posibilidad de aplicar el método de Ovodonación en el país surgió la necesidad de reflexionar sobre el mismo. Habida cuenta de que las potenciales donantes eran mujeres con dificultades para la reproducción, quienes a su vez estaban bajo tratamiento, el primer interrogante fue si aceptarían donar. ¿Por qué donar el propio material genético a otra mujer facilitándole la concepción de un hijo que quizás ellas mismas no llegarían a concebir?

Se ensayó una pequeña encuesta entre las mujeres miembros del equipo médico. El resultado fue desalentador. Nadie aceptaría donar. (Debe aclararse que todas tenían ya hijos). En cambio, cuando se trasladó la pregunta a las pacientes de otros procedimientos que estaban en condiciones de convertirse en donantes, el resultado fue sorprendente. El 78,5% de estas mujeres aceptaba donar ovocitos. (Con el advenimiento de la criopreservación de embriones se ha reducido notablemente el porcentaje de la cantidad de donantes de ovocitos.)

Desde lo manifiesto estas mujeres alegaron razones altruistas basadas en la solidaridad hacia otras parejas que estaban pasando por una situación similar a la de ellas.

Interpretamos aquí una identificación en el sentido del “enlace afectivo a un objeto hecho posible por la aptitud o la voluntad de colocarse en la misma situación cuando el sujeto descubre en sí un rasgo común con otra persona”. (Freud -”Psicología de las Masas y Análisis del Yo”).

Tanto las donantes como los receptores son mujeres infértiles, y en ese rasgo se identifican, sintiéndose parte de una minoría y comprometidas en una misma causa. Así, en sus verbalizaciones surgen frases del tipo “sentirse miembro de una cofradía” o “pertenecer a una raza aparte.”

Desde una perspectiva kleiniana puede pensarse la donación como un intento de reparación del vientre materno, a la vez que como un gesto de generosidad en el sentido de que “la generosidad está estrechamente relacionada con la gratitud. La riqueza interna se deriva de haber asimilado el objeto bueno de modo que el individuo se hace capaz de compartir sus dones con otros.” (Melanie Klein -”Envidia y Gratitud.”)

Desde una perspectiva antropológica y religiosa, un don no es algo inerte. Tiene fuerza tanto sobre el beneficiario como sobre el que dona. En el caso de la Ovodonación si se le donan ovocitos a otra mujer a fin de que pueda concebir un hijo, la fantasía es que ese don volverá también en forma de hijo para la donante.

Acerca de la receptora

La paciente que recibe los ovocitos, por ello denominada receptora presenta todos los aspectos psicológicos de la infertilidad -profunda herida narcisística ,  sensación de castración afectiva, fuerte sentimiento de culpa- a los cuales se suman otras cuestiones propias de la Ovodonación. Luego del diagnóstico las pacientes atraviesan un período de duelo durante el cual tendrán que admitir la posibilidad de transmitir la carga genética a sus hijos. Este duelo genético se manifiesta a través de un intenso dolor psíquico y de un sentimiento de pérdida irreparable. Las pacientes refieren por ejemplo: “me falta la mitad de la información genética para imaginarme a mis hijos”, “¿lo querré tanto como querría a un hijo nacido con mis propios genes?”, “mi hijo ¿querrá más a mi marido que a mí?”

Al conectarse con su subjetividad durante las entrevistas psicológicas pueden verbalizar y elaborar estos sentimientos alejándose de la negación maníaca y reconociendo la realidad de la carencia. Si bien este duelo nunca llega a elaborarse por completo, el atravesarlo funciona preventivamente favoreciendo la preparación para recibir al niño, una aceptación adecuada del eventual fracaso del tratamiento. Disminuirá también el riesgo de “olvidos” y “confusiones en la medicación”, evitando consecuencias psicológicas indeseables tanto a nivel individual como en la pareja y futuros vínculos familiares  patológicos.

En los casos en que persiste la negación y no hay una adecuada elaboración de este duelo, es función del terapeuta comunicarlo al equipo médico para que interrumpa o postergue la implementación del procedimiento.

A través del contacto con las parejas receptoras pudimos observar que prefieren no conocer la identidad de la donante. Esto se debe, según nuestra interpretación, a las intensas ansiedades paranoides que despierta su figura y que se expresan como temor generalizado a que la donante no pueda quedar embarazada y luego reclame al niño nacido a la receptora. Las pacientes mencionan frecuentemente que tienen la sensación de haberle robado ovocitos a la donante. Esto remite muy claramente a la fantasía de robo y destrucción del vientre materno y de sus contenidos, tal como las describe Melanie Klein.

Hemos observado también manifestaciones del Edipo negativo tales como haber tenido hijos con la madre y otras aún más arcaicas como las de partenogénesis.

Las receptoras imaginan a la donante como potente y repleta de ovocitos y a ellas mismas como inferiores y vacías, sintiéndose efectivamente castradas y ocupando el lugar de tercero excluido, a la vez que experimentan sentimientos de reconocimiento y gratitud, revelando así una fuerte ambivalencia producto del desplazamiento de la relación con la madre. Otra de las fantasías recurrentes es la infidelidad. Este complejo panorama emocional, signo de la reactivación de la conflictiva edípica y del complejo de castración, se presenta en la generalidad de las pacientes, siendo vivido por cada una de ellas de acuerdo con la singularidad de su propia estructuración psíquica.

Acerca de los Niños

Nos preguntamos como sería ser madre, ser padre, ser hijo en estos casos. Advertimos que no había en el lenguaje -y aún no la hay- una palabra que definiera esta nueva forma de maternidad y de filiación. Madre biológica … madre adoptiva….madre…

Un primer grupo de once niños a partir de estos tratamientos formó parte del estudio inicial en el cual se basó nuestra reflexión. El seguimiento de su evolución psicológica y madurativa continúa hasta la actualidad. La tarea comenzó con el ingreso de los padres a los centros de reproducción asistida, continuó durante las etapas de toma de decisión acerca del tipo de tratamiento, aplicación del mismo, embarazo, parto, puerperio y primera infancia.

El resultado del seguimiento de estos niños es que han tenido una evolución acorde con las pautas madurativas y psicológicas esperables para la edad. Tanto a nivel del desarrollo individual como a nivel de los vínculos familiares no hemos observado ningún elemento relacionado con la Técnica de Ovodonación que nos lleve a pensar que este procedimiento por sí mismo genere disfunciones, síntomas o patología en mayor grado que en le caso de los niños nacidos de la combinación genética de la pareja parental.

Tenemos en claro que nuestra conclusión no es definitiva dado que estos niños aún no han atravesado la metamorfosis de la pubertad. Actualmente tienen entre nueve y diez años de edad.

Con estos niños y sus familias se realizó un seguimiento que incluye el empleo de técnicas de observación directa y horas de juego.

Nos parece importante señalar que: 1) Los padres de estos niños aceptaron la asistencia psicológica durante el proceso, la cual se constituyó en un espacio en el cual pudieron expresar y trabajar sus ansiedades y fantasías respecto de la paternidad mucho antes del nacimiento de sus hijos. 2) Estos padres eligieron incluir en la crianza la verdad sobre el origen genético. 3) Existe suficiente experiencia en adultos concebidos con donación de espermatozoides cuyo estudio demuestra que en los casos en que la donación resultó psicológicamente traumática, lo fue más por el secreto que por la diferencia genética en sí misma.

Desde nuestro lugar de psicoanalistas pensamos que no hay motivos para esperar mayores dificultades en el acceso de estos niños a la subjetividad adulta. Entendemos que en el ser humano la maternidad, la paternidad y la filiación no pueden reducirse a un criterio exclusivamente biológico ya que estamos marcados por lo simbólico mucho antes de nacer y encontramos lo fundante de nuestra identidad en el cumplimiento de las funciones paterna y materna y en la prohibición del incesto.

Piera Aulagnier, Sophie Mijolla-Mellor, Guy Rosolato y otros psicoanalistas coinciden en que la reproducción sexual corre pareja con otra reproducción, la simbólica, una transmisión cuyo principal mecanismo es la identificación del niño con sus padres. Ser padre, ser madre, ser hijo no se reduce a una simple constante biológica sino que implica un reconocimiento simbólico que es también pertenencia a un linaje constituido por las interdicciones. Por lo tanto independientemente de las particularidades de la concepción, el lugar que ocupará el niño estará siempre en relación con el deseo y el discurso de los padres.

La constitución del aparato psíquico se da en el interjuego madre-bebé. Lebovici afirma que será el vínculo con la madre lo que permitirá al niño pasar del estado narcisista al deseo del objeto y a su percepción-representación, que “la madre es investida antes de ser percibida” y agrega que de alguna manera es “creada por el bebé”.

Finalmente será el afecto, la ternura, el amor lo que brindará al niño la estabilidad que necesita para alcanzar la madurez psíquica, sexual y cultural.

Como psicoanalistas pensamos que todo niño tiene derecho a saber sobre su origen (Dolto). Por eso con estas familias trabajamos la inclusión de la verdad sobre la diferencia genética desde el ingreso al programa de Ovodonación.

Para cada pareja este fue un proceso diferente. Al principio del tratamiento, las parejas dudan o resisten respecto de transmitir la verdad al niño, alegando los posibles conflictos que en él podría generar el conocimiento de la realidad genética. En nuestra opinión se trata de una proyección. Son ellos, los padres, quienes no pueden aceptar el conflicto. Es función del terapeuta interpretar dicha proyección. El trabajo con el terapeuta y el devenir del embarazo, con el creciente desarrollo del vínculo que genera, les permite afianzar sus sentimientos de paternidad preparándolos para transmitir la verdad a sus niños.

Al día de hoy, estos once niños conocen la verdad respecto de la necesidad de sus padres de recurrir a un centro médico para lograr el embarazo. Siete de ellos, ya saben que a su madre “le donaron una célula que ella no tenía”. Debido a su edad, ninguno de ellos conoce aún la implicancia de la carga genética. Es nuestro objetivo continuar el seguimiento a largo plazo.

Acerca del embarazo, parto y lactancia

En el embarazo por Ovodonación hemos observado un monto mayor de ansiedad que en el embarazo espontáneo. Tal como lo señala Marie Langer, al principio del embarazo se genera un conflicto entre una tendencia maternal y otra de rechazo. Esta última se vincula con la conflictiva edípica. En las pacientes de Ovodonación, todo lo relacionado al rechazo es adjudicado fantasmáticamente a la figura de la donante, sobre quien queda desplazada la hostilidad hacia la madre. Mucho de este material aparece en el relato de sus sueños.

En el embarazo espontáneo alrededor del cuarto mes, al comienzo de la percepción de los movimientos, existe el temor al hijo en sí mismo, vivido como un desconocido. Las pacientes de Ovodonaciòn interpretan este temor como si fuera  exclusivamente originado por la técnica utilizada. “¿A las demás no les pasa esto, no?”. Persiste en ellas la idealización de las otras -representantes de su madre- que pudieron sin ayuda y por lo tanto, no tendrían ningún temor. En estas pacientes se ven dificultadas las fantasías de tener un niño hermoso (fantasías referidas a la reparación de la imagen interna y a la necesidad de recrearla mediante la identificación) que son necesarias, según Raquel Soifer para la prosecución del embarazo. Las fantasías de monstruosidades aparecen frecuentemente en sus sueños, debido a las ansiedades que despierta el material genético desconocido. Estas pacientes cuidan exageradamente sus embarazos tanto, que a veces llegan a la inmovilidad.

Los partos no registran mayor patología que los casos de embarazo espontáneo. Ante la inminencia del parto, de la separación y del conocimiento físico del niño, se intensifican las ansiedades paranoides por la diferencia genética: “¿A quién va a parecerse?”, “¿Mis viejos se darán cuenta?”, “En el colegio no lo van a aceptar”. Proyectan así sobre otros, los propios temores de no poder aceptar al niño. Una vez nacido el niño, el afecto que este genera mitiga este temor y la lactancia se transforma en una manera de compensar la carencia ovocitaria.

Conclusión

Hasta hace pocos años el ser humano tenía la posibilidad de nacer sólo a partir del encuentro sexual y simbólico de una pareja. La reproducción asistida permite a parejas infértiles tener hijos mediante una técnica que se inscribe en el encuentro simbólico entre esas dos personas. Todo lo asombroso y espectacular que tiene este avance científico, nos ubica, como psicoanalistas, ante dos opciones: quedarnos alejados en una visión apocalíptica del futuro o cumplir la tarea para la que constantemente nos formamos: ayudar a pensar.

La reflexión que se traduce en este trabajo, nos aporta momentos angustiosos pero también placenteros y sobre todo enriquecedores, por los cuestionamientos que conlleva. El trabajo con estos niños y sus padres  reafirma lo fundante del símbolo y de la función padre y madre, como fuente de identificación, interdicción y amor. Estos cambios, en tanto estén sostenidos en una constante reflexión y discusión se revelan desde el punto de vista psicológico como menos traumáticos de lo que habíamos imaginado. Deben estar sostenidos en una ética a ultranza ya que se trata de vida humana

Bibliografía

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* -Tubert, Silvia; “Mujeres sin Sombra”, Editorial Siglo XXI, Madrid, 1991.

2 comments on “Aspectos Psicológicos en Ovodonación

  1. lorena on said:

    me interesa mucho estudiar el tema con ustedes, soy psicoanalista y estoy en tratamiento por ovodonación, me gustaría trabajarlo desde la perspectiva psicoanalítica.

  2. Amparo on said:

    Me preguntaba si han hecho algún estudio en casos de madres solteras por el mismo procedimiento.

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