Luisa Baron | Médica psiquiatra especialista en Fertilidad

Generalidades de la Infertilidad

Sentimientos de pérdida de la infertilidad

El camino de la infertilidad hace que las parejas experimenten una serie de sentimientos inusuales que terminan en un enfrentamiento entre ellos mismos. Estos son el resultado de múltiples pérdidas. La naturaleza de estas pérdidas y su importancia varía de persona a persona. Aquí los hemos categorizado entre primarios y secundarios

Las pérdidas primarias se deben directamente a las experiencias de la reproducción.

Muchas parejas piensan que jamás podrán lograr lo que tanto buscan. Existen varios tipos de “vacío”; entre ellos se encuentran la pérdida de un bebé, la pérdida de la continuidad genética y el sentimiento de la paternidad fallida.

La pérdida de un bebé es la mayor pérdida que una mujer puede experimentar. Muchas de ellas adjudican esta pérdida a su destino biológico. Esto las hace sentir solas y frustradas; y si bien para el hombre también puede ser doloroso, su identidad no se ve amenazada. En cambio la de la mujer sí, más que nada por la imposibilidad de vivir un embarazo.

La pérdida de la continuidad genética es otra gran pérdida que las parejas infértiles deben enfrentar. Para el hombre, que su única conexión con su futuro hijo/hija es la genética, la pérdida puede ser crucial. Este aspecto tiene dos partes: por un lado la genética (la transmisión de rasgos, características, similitudes) y la genealogía (el lazo sanguíneo) .

Si bien la discusión acerca de la importancia de los genes en el amor hacia los hijos no es una discusión con grandes acuerdos (ni probablemente será cerrada) , hay que saber que la carga genética juega un gran papel, no solo en el aspecto físico sino también por la personalidad y el temperamento de un ser humano. Y si bien es muy común ver padres con hijos biológicos muy distintos a ellos, es muy probable que en el fondo sí posean similitudes  marcadas  y también de sus abuelos y bisabuelos. Por esto mismo las parejas infértiles tienen que pensar y enfrentar (con dolor) que existe la probabilidad de que nunca puedan mirar  a sus hijos y ver el reflejo de ellos o de otro familiar.

Como ya dijimos, la imposibilidad de procrear significa la pérdida de la genealogía. Para mucha gente esta pérdida es muy profunda. Especialmente para aquellas familias muy religiosas; como también para quienes le dan importancia a los lazos familiares y a las historias de sus antepasados.

El último caso de pérdidas primarias es el de la paternidad. Aquí nos encontramos con una situación muy común. Por un lado sabemos que la adopción, mientras no cura la infertilidad, sí cura la falta de un hijo/hija. Pero por otro lado las parejas infértiles, acostumbradas a la decepción, a las pérdidas, a la soledad, a la frustración, tienen mucho miedo de que luego de aplicar para una adopción, ninguna agencia ni organismo encargado los elija. En general las parejas no tienen en cuenta la idea de la adopción hasta bastante tiempo después de los esfuerzos fallidos.

Las pérdidas secundarias se deben a cómo las parejas infértiles se ven a sí mismos y a aquellos que tienen a su alrededor. Esto se puede dar en diferentes grados, dependiendo de la pareja y su situación particular; pero en general afecta más que nada a su autoestima, a la pérdida del control sobre sí mismo y a la pérdida de la intimidad y del placer sexual.

En el camino de la infertilidad aparecen decepciones y desilusiones tan fuertes que incluso cuando aparece el tan buscado bebé, estas pérdidas son difíciles de reparar.

Los hombres y mujeres que transitan el arduo camino de la infertilidad, enfrentando constantemente un obstáculo tras otro, terminan sintiendo que su autoestima se desmorona, amenazando con ser la pérdida más difícil de todas. Desde el momento que la infertilidad afecta el aspecto sexual de la pareja, la imagen de sí mismos, y la valoración personal, éstas empiezan a sentir la imposibilidad de sostener un hijo biológico, o al menos uno sólo luego de tanto esfuerzo y sacrificio. Muchos años después de que la crisis haya terminado, las parejas suelen reconocer que a pesar de la felicidad que les produjo el bebé, la infertilidad ha tenido un infortunado y duradero efecto sobre sus vidas.

La pérdida de control sobre sí mismo, o mejor dicho, la ilusión del control, es una de las más dolorosas lecciones de la infertilidad. Estudios muestran  que cuánto más largo es el período de infertilidad, la mujer más se auto convence de que la suerte es la que determinará su futuro. Pero la infertilidad nos enseña que la vida no siempre es justa, y aquellos que intentan con todas sus fuerzas y juegan al pié de la letra las reglas del juego, lamentablemente no siempre salen ganando. Esta pérdida del control a veces hace que las parejas se pregunten para qué seguir intentando con algo que no parece ser algo más que un sueño.

La pérdida del placer sexual es (para algunos) la más dolorosa. Cuánto más dura la infertilidad más profundo suele hacerse el problema . Si bien algunas parejas tienen la habilidad de separar la intimidad sexual de la reproducción (lo cual ayuda a preservar la relación sexual) es una situación claramente difícil de lograr.

Al ser el coito la precondición para la reproducción (o por lo menos es prioridad antes de los procedimientos artificiales) el tema de la sexualidad se encuentra constantemente en el trasfondo de la relación de la pareja. La experiencia de hacer el amor, la candidez y la intimidad pasan a ser una miedosa tarea. Llena de miedo lo que antes solía ser una pareja apasionada. Muchas veces las parejas se sienten solas cuando experimentan este tipo de problemas, porque el tema del sexo es raramente discutido y/o consultado.

Antes de empezar a tratarse con algún tipo de reproducción asistida , las parejas pasan meses, incluso años, teniendo relaciones de acuerdo al calendario, o sea al momento de la ovulación. Aquí entra el tema de la espontaneidad, ya que muchas veces toman consejos tales como utilizar posiciones específicas que desde ya reducen la espontaneidad (y no son muy eficaces).

La infertilidad saca la intimidad de la relación sexual, el cuarto de una pareja pasa a ser la clínica donde se atienden, y esta asociación reduce el deseo sexual. Rara vez una pareja discute su vida sexual con otros, por lo tanto la privacidad es un tema delicado que a través de muchos estudios que se le realizan, ésta se va perdiendo. Las parejas describen un sentimiento de estar siendo constantemente observados por su médico.

La ansiedad y la tensión están constantemente alrededor de la infertilidad, consecuentemente el encuentro sexual va perdiendo lugar de manera progresiva. Los maridos sienten ansiedad de tener relaciones, las esposas sienten miedo porque sus maridos no puedan tener relaciones. Los hombres pueden empezar a sentirse rechazados, creyendo que sus esposas desean más al bebé que a ellos mismos, y cuando éstos sienten que la razón de sus mujeres por tener relaciones es el sólo hecho de quedar embarazadas, y no por un intercambio de placeres, tienden a perder interés.

Las mujeres infértiles suelen tener miedo de ser indeseables en el aspecto sexual, y esto lleva a que con el tiempo ellas mismas empiecen a perder el interés y el deseo. Es similar lo que les pasa a los hombres ya que infertilidad y virilidad van de la mano, y cuando son éstos los que la padecen empiezan a sentirse inferiores y subyugados. Muchas veces sin un historial, cuando los hombres descubren que son  infértiles, comienzan a tener problemas de impotencia. Las mujeres , cuya identidad está muy relacionada con ser madre algún día, sienten el pesar de la infertilidad constantemente.

La pérdida del placer sexual es una de las más graves, claro está que existen otras ( tiempo, dinero, carreras, relaciones con otras personas) pero el sexo no solo provee placer sino que hace más fuertes los lazos de la intimidad. En el momento en donde las parejas más necesitan estar  unidas, es donde se ve el momento de la crisis.

Si bien, como ya dijimos, existen otras pérdidas, éstas no alteran la visión básica de las parejas con respecto al mundo y a ellos mismos. El dinero y el tiempo pudieron haberse perdido, sin embargo hay otras pérdidas que pueden recuperarse. Una carrera puede ser retomada y una relación salvada y/o recuperada, así no sea el la línea de tiempo original.

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