Luisa Baron | Médica psiquiatra especialista en Fertilidad

Donantes Pagas

Donantes Pagas: seguimiento psicológico antes, durante y después del procedimiento de ovodonación.

Dra L. Barón: impsifundación@fibertel.com.ar,tel: 4802-0639 ;  Dra M. A. Koreck; Dra S.  Lancuba; Lic. L. Capice

Fundación IMPSI

Introducción

La siguiente presentación es la primera de una serie de trabajos surgidos  a partir de los interrogantes que se nos plantean desde el desarrollo de la técnica de ovo-donación anónima con donantes puras.

Nuestro interés se centra en ubicar  preguntas que puedan orientarnos frente al constante avance científico y al modo en  que éste afecta la subjetividad de aquellos pacientes involucrados en los tratamientos y la de los niños nacidos a partir de los mismos.

Se hace necesario considerar, por una parte, la evaluación de la conveniencia de realizar una entrevista psicológica a la donante y, por la otra, la determinación de los aspectos que – desde una perspectiva psicológica – deben tenerse en cuenta para recomendar o desestimar la inclusión en un programa de ovodonación.

Los objetivos de este trabajo son: a) conocer las motivaciones que llevan a las donantes a tomar la decisión de entrar en un programa de OVD con compensación económica, b) evaluar la necesidad de realizar una entrevista psicológica diagnóstica a fin de descartar patología psicológica en donantes, c) considerar la necesidad de llevar a cabo una entrevista psicológica en donantes posterior a la OVD .

El tema de las donantes pagas plantea, como en todas las oportunidades en las que se introduce alguna variable dentro de técnicas conocidas, un profundo dilema ético y moral a la vez que abre preguntas que sólo el tiempo y la práctica permitirán responder.

En su momento, sólo el desarrollo de los niños nacidos por donación de gametos, la evaluación psicológica de las familias formadas por estos procedimientos y la respuesta a largo plazo de las donantes fue proporcionando serenidad y acallando la polémica que  originalmente despertara el tema.

Actualmente, el comienzo silencioso de la introducción de donantes que no son pacientes de otros tratamientos y a quienes se debe compensar económicamente genera un nuevo y amplio espectro de interrogantes.

Resulta  interesante revisar el camino que ha llevado a la actual situación en lo que concierne a este procedimiento.

El primer embarazo mediante ovodonación  surgió apenas seis años después del nacimiento del primer bebé FIV, en 1984. A partir de entonces, se han ido modificando las condiciones de dicho procedimiento a la vez que se han ido involucrando nuevos actores -  tal es el caso de las donantes puras – que nos enfrentan a  nuevos dilemas éticos y morales, en tanto en un comienzo fueron las propias pacientes bajo tratamientos de infertilidad quienes aceptaron donar parte de sus ovocitos a otras mujeres deseosas de ser madres.

Numerosos  interrogantes se abrieron en aquella cuestión. ¿Por qué razón donar el propio material genético a otra mujer facilitándole así la concepción de un hijo que quizás ellas mismas no llegarían a concebir? ¿Se modificaría la relación médico –paciente a partir de la demanda de donación  desde el equipo tratante hacia la paciente?

Se hizo preciso, además, considerar el tema de la fertilidad y la edad de las donantes, el número de las mismas con que se contaba en aquellos momentos y los tiempos acordes con las necesidades de las pacientes.

En estudios posteriores, pudo constatarse en las donantes la existencia de razones altruistas basadas en la solidaridad hacia, parejas con las cuales se identificaban, al saber que estaban atravesando por una situación similar respecto de la concepción. Tanto donantes como receptoras, se preguntaban para quiénes serían los” mejores ovocitos”, verificándose, además, fantasías vinculadas al retorno de ese don bajo la forma ya fuere de un hijo para la donante. O de fantasías de retaliación imaginadas como castigo y/o discriminación por parte del equipo médico, acompañadas del consecuente temor a ser menos queridas o peor atendidas en caso de negarse al pedido. En algunos casos, esta última fantasía generaba malestar en la relación con el médico, sin llegar a ser puesto en palabras por las propias pacientes.

Con el advenimiento de la criopreservación de embriones, el porcentaje de pacientes que aceptaba donar sus ovocitos se redujo considerablemente. Surgieron las listas de espera para las receptoras y el sistema de pool para reclutar donantes entre las familiares y amistades de las pacientes cuyos ovocitos serían destinados a otra receptora. Este modo ha sido también llamado “con donante simbólico”, por ejemplo, en Francia.

En lo referente al contexto social se comenzó, además, a desmitificar la ovodonación, disminuyendo los prejuicios y permitiendo que el  tema se presentara en los medios de difusión.En los últimos años la donación de ovocitos con compensación económica se ha vuelto cada vez más frecuente. Sin embargo, a diferencia de la ampliamente difundida existencia de los bancos de esperma con pago de la muestra, la información acerca de la OVD monetariamente recompensada  tiende a mantenerse si no en secreto , al menos a buen resguardo tanto por parte de los interesados directos como de los equipos médicos.  Un interrogante se perfila proporcionando, quizás, tema para otra investigación: ¿acaso  el hecho de que se trate de material genético femenino genera conflicto mientras que el banco de esperma es, desde hace décadas, aceptado? Cabe consignar, además, que las mujeres donantes deben someterse a un tratamiento que comporta medicación  y procedimientos traumáticos que recaen sobre su cuerpo.

Materiales y Métodos

Se tomó el grupo de  las primeras 40 posibles donantes, desde Septiembre de 2004 a Septiembre de 2005, que se acercaron a un centro médico para el tratamiento de los trastornos reproductivos.  Sólo una las mujeres se había enterado a través de un medio de difusión y las restantes concurrieron por el boca a boca.

A partir de una reunión con el equipo médico surgió la necesidad de normatizar los requisitos psicológicos para las donantes.

Era importante encontrar la forma de minimizar los riesgos de ingresar al programa donantes con trastornos de personalidad y de investigar el grado de conocimiento y conciencia acerca de la naturaleza y las consecuencias de la donación.

Durante el año 2005 se realizaron entrevistas individuales,  semidirigidas, de dos categorías: por un lado, de evaluación psicológica(tomando en cuenta el grado de conocimiento por parte de la donante del procedimiento y probables efectos adversos) y, por el otro, de diagnóstico con el fin de descartar  posibles patologías psíquicas (del orden de las psicosis, psicopatías, trastornos de la personalidad con conductas sexuales promiscuas).Se les administró, asimismo, previo al procedimiento de la donación, un cuestionario específicamente diseñado para la investigación.

Las edades oscilaron entre los 21 a los 25 años.

Todas las posibles donantes tenían la escolaridad completa.

De entre las mujeres entrevistadas sólo una estaba separada y otra casada en segundas nupcias; las restantes convivían con sus parejas.

Todas tenían hijos y el 50% tenía más de uno, lo que además de fertilidad probada, genera menos proyecciones (de sentimientos de envidia por ejemplo) hacia la receptora, situación que previene de posibles conflictos.

De las parejas, sólo un miembro tenía un ingreso económico mensual,  en relación de dependencia. El resto trabajaba temporalmente, perteneciendo al campo de trabajo informal.

Resultados

Del grupo inicial de 40, sólo dos no fueron ingresadas al programa. Todas aceptaron la entrevista psicológica para entrar al programa. En un caso se trataba de un trastorno de la personalidad con promiscuidad sexual y en el otro, se verificó  falta de conocimiento de las consecuencias de la donación.38 respondieron como deseable la entrevista por tratamiento.

Todas manifestaron que sus parejas estaban de acuerdo con la donación (40).

La mayoría (30 donantes) deseaba saber el resultado del tratamiento en caso de realizarse, pero ninguna de ellas manifestó interés en conocer a la receptora ni en saber datos acerca de la misma antes del tratamiento.

El 80% estaba advertido de las consecuencias médicas y estaban al tanto de los efectos adversos de la medicación y del procedimiento de punción-aspiración de ovocitos.

En lo que concierne a las motivaciones, la primera motivación para convertirse en donantes fue la económica en un 100% de los casos. A la pregunta sobre el destino que  darían al monto obtenido la respuesta fue, en primer lugar para la vivienda o arreglo de la misma y  en segundo lugar para  la educación de los hijos.

La segunda motivación fue el deseo de ayudar a otra mujer a ser madre. En las entrevistas surgió que el origen de ese deseo provenía de la propia satisfacción vivida por ellas mismas en relación con la maternidad. En 32 de los casos estudiados, las mujeres refirieron la vivencia de que tener hijos había tenido un efecto salvador y reparador en momentos difíciles de sus vidas. 32 desearon repetir el procedimiento. 38 contestaron que el momento más angustiante fue la espera de la respuesta ovocitaria.

Ninguna se opuso a la posibilidad de ser contactadas por los médicos, la familia receptora o el niño, para verificar datos de la historia médica personal o familiar. Tampoco refirieron temor respecto a la pérdida del anonimato.

Discusión

Los datos consignados corresponden a una primera etapa de observación, siendo necesario continuar con el trabajo de investigación y procesamiento de la información referida a este tema  complejo y con tantas implicancias éticas.

Consideramos estos datos como parciales habida cuenta de que el tamaño de la muestra es pequeño y de que sólo se realizó  una única entrevista previa al procedimiento.

No obstante, siendo uno de los objetivos normatizar la selección de donantes, se desprende de esta muestra que el hecho de tener hijos disminuye el temor de tener “un hijo propio en manos ajenas” y contribuye a minimizar  sentimientos de envidia. Por otra parte,  ninguna de las mujeres manifestó temor a ser contactada en un futuro ni a perder el anonimato, quizás por la misma razón, ni tampoco su  decisión estuvo teñida por el temor a las consecuencias  de tener que responder a una demanda  del equipo médico mientras se participaba de un tratamiento.

Comparativamente con estudios realizados de otros países, en los que el perfil de las donantes consistía en jóvenes, estudiantes universitarias, sin hijos, el hecho de que todas fueran madres hace una diferencia importante. Se considera que este factor podría proteger a las parejas receptoras de futuros posibles conflictos.

A diferencia de otros grupos de donantes, las motivaciones altruistas se apoyaban en la propia experiencia de la maternidad, motivación que resultó para ellas tan importante como el factor económico para ayudarlas a soportar el malestar asociado al tratamiento médico.

Es preciso considerar, además, las diferencias respecto de la donación de esperma, la cual desde su inicio fue acompañada de una compensación económica y en la que, además, el cuerpo del donante no se ve afectado tal como sucede en la ovodonación.

Conclusión

Se sugiere a partir del estudio, entrevista psicológica previa a la entrada al programa, y una posterior al procedimiento.

Dados los complejos factores en juego se hace imprescindible que las entrevistas sean realizadas por profesionales con amplia experiencia en el tema. También surge de este estudio la necesidad de trabajar en la normatización de la selección de donantes desde una perspectiva psicológica.

Más allá de las motivaciones económicas, existía en este  grupo de donantes una fuerte motivación psicológica altruista generada por la propia experiencia de la maternidad y la satisfacción asociada a la misma.

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