Luisa Baron | Médica psiquiatra especialista en Fertilidad

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La Fundación para la Investigación Médica Psicológica (IMPSI) presidida por la Dra Luisa Baron, convoca a la Mesa DebateHacia la Subrogación de vientres en Argentina, mitos, realidades y vivencias” a realizarse el próximo 17 de Mayo a las 18 hs. en la Sala “Augusto R. Cortazar” de la Biblioteca Nacional (Agüero 2502). Se debatirá el Tema: Maternidad Subrogada, contemplado en el Anteproyecto de Reforma del Código Civil.

Participarán: Dra Luisa Baron (Médica psiquiatra especialista en reproducción asistida).

Dra. Liliana Blanco (Médica especialista en reproducción asistida).

Dra. Claudia Silvani (abogada especialista en Derecho de Familia).

Dr. Carlos Abad (Comunicador social especializado en temas de salud y bien público).

El encuentro es libre y gratuito, está destinado a todo público y tiene como objetivo
intercambiar ideas que permitan un acercamiento a todos los aspectos del tema.

 

Se ruega puntualidad.

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Nuevas Formas de Maternidad

Es la conclusión del primer estudio con parejas argentinas que tuvieron hijos en el exterior gracias a madres subrogantes. Qué pasa con las mujeres que “prestan” sus vientres.

Por R.P. 08/04/12 – 12:27

Nacer de un útero alquilado no afecta la vida de los chicos

 

Entre las nuevas formas de maternidad, la gestación por sustitución o alquiler de vientre es quizás la que despierta más polémica. En el país esta práctica no está permitida porque el actual Código Civil dice que madre es quien da a luz. Por eso, las parejas que eligen esta opción para ser padres deben viajar a los EE.UU. o Australia, donde el útero subrogado no está prohibido. Pero el anteproyecto de ley que presentaron la semana pasada el titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, y la presidenta Cristina Kirchner, podría cambiar las cosas.

Una de las modificaciones, que se deberán debatir en el Congreso de la Nación, plantea admitir la gestación por sustitución siempre que “la gestante no haya recibido retribución” y exista la autorización de un juez. Esta nueva posibilidad abre el debate sobre las cuestiones éticas, legales y psicológicas que implican el alquiler de vientres. ¿Por qué una mujer decide prestar su útero? ¿Cómo crece un niño que nació gracias a esta práctica? ¿Qué hay que decirle?

Para contestar algunas de estas preguntas, PERFIL entrevistó a la médica psiquiatra y especialista en fertilidad Luisa Baron, directora de la Fundación para la Investigación Médico-Psicológica (Impsi), quien realizó el primer estudio local que indagó acerca de los aspectos emocionales de la maternidad subrogada. Para esto, durante dos años y medio Baron se entrevistó con seis parejas argentinas que realizaron el procedimiento fuera del país e intercambió mails con varias mujeres subrogantes.

“Primero hablé con los médicos para interiorizarme sobre las causas por las cuales las parejas debían recurrir al alquiler de vientre. La maternidad subrogada tiene un objetivo definido: ayudar a mujeres que no tienen útero por distintas causas”, explicó Baron.

Claves. Una de las conclusiones del trabajo es sobre la necesidad de que las parejas cuenten con apoyo psicológico, tanto al tomar la decisión de alquilar un vientre como durante la gestación de su hijo, y luego del nacimiento. “Ambos miembros deben estar de acuerdo, porque no es una cosa sencilla. No deben existir presiones entre ellos sino fortaleza para atravesar todo el camino”, sostuvo la experta.

En cuanto a la gestante, en los casos analizados se trató de mujeres que ya tenían hijos, por lo cual no existía confusión entre los propios y los que alojaban durante nueve meses en su útero para entregar a otros. Todas tenían la aprobación de sus maridos y en ningún caso hubo dificultad a la hora de dar el bebé. “Saben que es el hijo de otro. No les cuesta dejarlo; lo que más sienten es perder el contacto con la pareja que quiere un hijo, su amistad. La mujer que alquila su vientre no lo hace sólo por generosidad o por dinero. Son mujeres que fueron salvadas por su maternidad y por eso quieren salvar a otras”, analizó Baron.

También se indagó acerca de la relación entre la futura madre y la mujer subrogante, que en todos los casos fue definida como “buena”. Las entrevistadas refirieron sentimientos de gratitud durante el embarazo, y que estarían dispuestas a repetir la experiencia. Pero, ¿qué pasa con los niños nacidos por este método? “Esos chicos hoy tienen entre 1 y 3 años y su desarrollo es absolutamente normal, tanto en lo madurativo como en lo emocional y en la relación con sus padres”, aseguró Baron. “La estabilidad emocional que un niño necesita para su bienestar está más relacionada con la historia previa, la personalidad de sus padres y el afecto que les brindan que con la forma en la que fueron concebidos”, agregó.

Cambio. El anteproyecto de reforma del Código Civil plantea permitir la gestación por sustitución siempre que sea en forma altruista y que la gestante “no se haya sometido a este proceso más de dos veces”. Para la médica psiquiatra la ley no sólo es necesaria sino imprescindible, pero no está de acuerdo con que la gestación por sustitución sea sin compensación económica.
“Si se hace con la obligación de que sea gratuito, los contratos van a ser a espaldas. El altruismo en esto está descontado. Por más que despierte polémica, quienes prestan su vientre merecen una compensación económica por todo lo que van a atravesar en pos de una pareja”, opinó. La idea de que sea un juez quien autorice o no la práctica también genera controversia. “Es la sociedad en conjunto la que tiene que pensar en esto. Necesitamos una ley que permita, que cuide y que ampare”, concluyó

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La maternidad subrogada que se conoce como vientre alquilado es un intercambio entre una pareja en la cual la mujer no tiene la posibilidad de albergar en su útero un embarazo que llegue a termino, y una mujer que sí tiene esta posibilidad y esta dispuesta a pasar por ese embarazo, para luego entregar ese hijo que no es de ella a sus padres.

Gracias al advenimiento de la fertilización asistida, este tratamiento puede ser realizado en el útero subrogado con los espermatozoides y ovocitos de la pareja. 0 sea con la genética de la pareja, no de la subrogada u otras combinaciones si fuera necesario.

Las causas que llevan a los pacientes a elegir este procedimiento son histeroctomia por cualquier causa, útero infantil u otro tipo de malformaciones congénitas (pélvicas) o adquiridas (accidentes) que no permitan al útero resistir un embarazo a termino.

OBJETIVO

Conocer los aspectos emocionales de la pareja, de la subrogada, y conocer el vinculo que establecen entre todos y con el niño nacido. Se tomaron todos los pacientes que recurrieron al consultorio psicológico durante un lapso de 2 anos y medio.

MATERIALES

Fueron 6 parejas, 4 que realizaron procedimientos fuera del país, 1 en Argentina, 1 pareja desistió.

3 parejas tuvieron 1 hijo cada una, 1 pareja tuvo 2 con diferente subrogada. 1 pareja

no pudo acceder al procedimiento por negativa de los médicos.

Se realizaron entrevistas psicológicas con objetivos limitados.

Todos los tratamientos fueron realizados con genética de la pareja.

En el trabajo se analizan los aspectos emocionales de la pareja y su relato sobre la

subrogada.

Las parejas del estudio concurrieron al consultorio derivados en 1 caso por un centra medico, las demás por referencias de otras pacientes de otros tratamientos de fertilidad.

Una por un colega de otro país. Una de las parejas había intentado hacerlo en Argentina pero los mismos médicos les aconsejaron no hacerlo por temor a que sufrieran algún tipo de conflicto por la falta de ley en la Argentina.

METODO

Entrevistas psicológicas de objetivo limitado de base psicoanalítica. Entrevistas conjuntas e individuales, antes y durante el embarazo y luego del nacimiento.

RESULTADOS

La mujer que se dedica a prestar el vientre generalmente ya tiene hijos, no confunde los hijos propios con lo que alojaría durante 9 meses para otros. En uno de los casos, el marido se había realizado una vasectomía y por lo tanto no iba a tener mas hijos. Todas habían tenidos buenos embarazos y tenían hasta el momento la decisión de no tener mas hijos, acordado con sus maridos. Tres tenían 2 hijos, 1 tenia 3 y las demás un hijo. Todas tenían la aprobación de sus maridos. En ninguno de los casos hubo conflictos con la entrega del bebe y en todos los casos la entrega fue junto con el nacimiento.

Las parejas que recurrieron a los tratamientos manifestaron que fue mucho mas difícil la etapa de decisión hasta el conocimiento de la subrogante que las siguientes etapas de espera y comunicación con la donante. Todas viajaron para la fecha

probable de parto y solo en un caso se adelanto el parto y tuvieron que viajar con anterioridad a la fecha prevista. Las parejas del estudio eran primerizas y una era su segunda experiencia pero con diferente donante.

En todos los casos la relación con la subrogante fue definida como buena. Todas

refirieron haber estado tranquilas con respecto a la seguridad de entrega del bebe y

su ansiedad mayor tuvo que ver con el temor al parto y a la salud del bebe.

El 50 % tuvo comunicación frecuente al llegar a la Argentina y en los otros casos la

comunicación fue menor ya que las subrogantes así lo prefirieron.

Ninguno de los padres refirió celos de las subrogantes una vez nacido el niño, si

coincidían en sentimientos de envidia durante el primer trimestre y todas refirieron

sentimientos de gratitud durante todo el embarazo que aumentó con el parto y luego

del nacimiento. En todos los casos las parejas desean repetir la experiencia si fuera

posible en la misma subrogante.

CONCLUSIONES

El método de subrogación es recomendable cuando médicamente es necesario y genera vínculos familiares adecuados. Tenemos que tener en cuenta que estas parejas tuvieron apoyo psicológico desde el inicio del tratamiento hasta la actualidad.

Que las voluntarias estuvieran cuidadas durante todo el tiempo por las agencias que las recluían y asesoran a todos los participantes, con apoyo psicológico es imprescindible en todos los casos.

“Hecho el depósito de Ley 11723. Prohibida su reproducción parcial o total”

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Mujeres solas que recurren a bancos de esperma: un estudio analiza 50 casos argentinos

Tienen cerca de 40 años y no formaron la pareja que esperaban, pero no quieren perder más tiempo por cuestiones biológicas

Doctora Luisa Barón. 


Ellas son sólidas, maduras, seguras. Pero los años pasan y ese hombre especial, el elegido para ser el padre de sus hijos, no aparece todavía.

Como la biología marca límites contundentes y desde el calendario se ven muy cerca los 40, ellas toman una decisión fuerte: aunque estén solas, igual serán madres. Y para serlo recurrirán a bancos de esperma.

Viudas, separadas, divorciadas, solteras o con alguna relación de pareja poco estable y sin futuro, estas mujeres deciden no sin dificultades, y una vez que lo hicieron guardan el mayor de los secretos porque temen ser atacadas y discriminadas (aun por las personas más cercanas) y que sus hijos sufran lo mismo.

Pero la mirada científica de una psiquiatra argentina, la doctora Luisa Barón, presidenta de la Fundación para la Investigación Médico-Psicológica, permitió reunir en un trabajo presentado en el último congreso de la Asociación Americana de Fertilidad (Orlando, Estados Unidos, octubre de 2001) 50 casos de mujeres solas que solicitaron asesoramiento psicológico al elegir este tipo de maternidad.

“Quisimos indagar -dice Barón- en las motivaciones que las impulsaron, analizar los sentimientos del equipo médico durante el tratamiento y realizar un seguimiento psicológico de las madres y sus hijos.”

La doctora Barón explica que 2 mujeres fueron desalentadas a someterse al procedimiento, 9 lo abandonaron y de las 39 restantes 6 lograron ser madres. Cinco de ellas aceptaron el seguimiento del equipo que dirige la psiquiatra. La investigación incluyó también cuestionarios anónimos a los médicos.

Barón agrega que todas habían señalado el reloj biológico como la razón más importante, dado que su edad, todas ellas de clase media, oscilaba entre los 35 y 42 años, con un promedio de 38.

El 30% era divorciada, un 4% viuda, el 20% mantenía relaciones con hombres casados que no se divorciarían, un 36% estaba separada de una relación importante y el 6% no tenía pareja estable.

MIEDOS Y SECRETOS

Desde el punto de vista biológico, a menos que existan alteraciones de la fertilidad, engendrar un hijo no es una tarea complicada. Si una mujer está decidida a ser madre, ¿por qué no buscar al hijo de manera natural ?

“Porque un 70% dijo que no quería mentir a una pareja ocasional -explica la doctora Barón- y casi el 80% opinó que prefería no forzar a alguien a una paternidad no elegida. Un 40% también admitió que temía enfermedades y en ese sentido les parecía mejor un banco de esperma, pero todas dijeron que hubieran preferido tener un hijo en el seno de una pareja sólida y estable. Es más: la mayoría no descartaba esa idea para el futuro (una pareja y un padre para el niño) pero, mujeres grandes al fin, sabían que un proyecto semejante no aparece de un día para el otro y no querían dejar que pasara más tiempo, porque los años pasan.”

Un aspecto crucial de la decisión que toman estas mujeres es enfrentarse con el miedo a ser discriminadas. Por eso hablan con muy pocas personas (a veces familiares, a veces amigos) acerca de su decisión.

Más allá del deseo, la doctora Barón afirma que las candidatas a este tipo de maternidad deben reunir algunas condiciones: ser materialmente solventes y tener una red de amigos y familiares dispuestos a estar cerca de ellas y suficiente equilibrio para enfrentar circunstancias que seguramente no serán sencillas.

“Aunque abundan los casos de mujeres que crían solas a sus hijos -reflexiona la psiquiatra-, ya sea porque quedan viudas, se separan o son abandonadas. Y no les suele ir nada mal, a pesar de los esfuerzos enormes que eso les demanda.”

TANTO AMOR PARA DAR

Una mujer que pide ser llamada Verónica e indica que ya pasó los 40 habla por teléfono con esta cronista. Dice que es profesional y que Juan, su hijo, pronto cumplirá 5 años.

“Estuve casada muchos años y la pareja fracasó -explica-. El no quería tener un hijo. Ese desacuerdo tuvo mucho que ver. Después de separarse, uno no se enamora así nomás y yo quería amar a una criatura. No me parecía honesto quedar embarazada de cualquier persona: si alguien compartía las ganas de tener un hijo, sí. Eso fundaba el amor. Intenté una adopción, pero no fue nada fácil. Y apareció la posibilidad de la donación, en mi caso de esperma y de óvulos. Tuve contención, especialmente psicológica, porque si no cualquiera en un arrebato podría tomar una decisión tan transcendental.”

¿Juan conoce su historia? “No todavía -dice Verónica-. Pero sabrá la verdad. No quiero inventarle un relato de abandono para que tenga que convivir con eso. Sabrá que es fruto de una historia de amor de mi parte y de la generosidad de otros en colaborar con la aparición de la vida. Pocos amigos lo conocen, la familia no. Es algo novedoso y creo que no será fácil. A veces siento angustia , pero estoy segura de qué hice y por qué: tenía y tengo mucho amor para darle.”

DOCTORA LUISA BARÓN

“Más allá del deseo, las candidatas deben reunir algunas condiciones: ser solventes y tener una red de amigos y familiares dispuestos a estar cerca, además de equilibrio para enfrentar circunstancias que seguramente no serán sencillas.” .

Por Gabriela Navarra
De la Redacción de LA NACION

 

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Según un estudio argentino

“Detrás de la donación de óvulos hay siempre una cuestión de solidaridad”, afirma la doctora Luisa Barón, médica psiquiatra especialista en familia y reproducción y autora de un estudio sobre las motivaciones que llevan a mujeres argentinas a donar sus óvulos para que otras con problemas de fertilidad puedan ser madres.

“Más allá del hecho económico indudable, que aparece como primer motivo manifiesto, encontramos que entre las motivaciones que llevan a la donación está el poder hacer felices a otras parejas a través de la maternidad, como lo fueron las donantes al ser madres”, agrega la doctora Barón, también presidenta de la Fundación para la Investigación Médico-Psicológica (Impsi).

En la actualidad, quienes donan sus óvulos –según el estudio, suelen ser mujeres de clase media, menores de 33 años, que ya han sido madres– obtienen una compensación económica. Aunque ésta dista bastante de la que reciben las mujeres de otros países en que existe un mercado en torno de la donación de óvulos. “Las donantes reciben entre 500 y 1000 pesos como compención económica. Aunque ésta dista bastante de la que reciben las mujeres de otros países en los que existe un mercado en torno a la donación de óvulos.

“Las donantes reciben entre 500 y 1000 pesos como compensación por los gastos en los que incurren durante el tratamiento [necesario para poder obtener óvulos maduros] -comenta la doctora Stella Lancuba, directora del Centro de Medicina Reproductiva (Cimer) y coautora del estudio en cuestión-. Aquí no es como en los Estados Unidos, donde se pagan 10.000 dólares por donación, de donantes que se publicitan a través de Internet. Lo que buscamos es que la donación sea altruista.”

Más allá de lo que pretenden los especialistas en fertilización asistida, detrás del acto de donar óvulos hay motivos altruistas.

Ambas especialistas coinciden en que es poco probable que la única razón para someterse a los distintos tratamientos y estudios que implica una donación de este tipo sea económica. “Desde que una mujer se anota como donante hasta que es seleccionada pueden pasar entre 3 y 6 meses, durante los cuales es sometida a diferentes estudios clínicos, psicológicos y sociales”, explica Lancuba.

Una vez seleccionada, la donante es sometida durante un mes a un tratamiento de estimulación hormonal, cuya finalidad es la maduración de entre 15 y 20 óvulos. Finalmente, se le realiza un procedimiento transvaginal en el que los óvulos maduros son extraídos.

“No creo que nadie se someta a todo esto sólo por dinero -afirma la doctora Barón-. En ese sentido, nuestro estudio mostró que detrás de las donantes había historias en las cuales la maternidad había ocupado un rol muy importante en sus vidas.”

DEMANDA EN CRECIMIENTO

En la Argentina, la donación de óvulos para tratamientos de fertilidad asistida se ha incrementado significativamente en los últimos cinco años: hoy provee los óvulos que se emplean en alrededor del 30% de los tratamientos de fertilización asistida, cuando hace cinco años participaba sólo del 10 por ciento.

“Diez años atrás [el primer bebe fruto de una donación de óvulos nació en 1984], las donaciones de óvulos se hacían entre las mismas pacientes sin dinero de por medio, ya que las pacientes que sí tenían óvulos viables pero debían someterse a tratamientos de fertilización asistida los donaban a otras que necesitaban óvulos”, recuerda la doctora Barón.

Esa forma de donación comenzó a desaparecer con la posibilidad de criopreservar embriones. “Cuando hace 10 o 12 años se empezó a poder congelar embriones las pacientes que donaban sus óvulos dejaron de hacerlo, ya que se implantaban algunos de los embriones y otros los criopreservaban para implantárselos a futuro.”

De esa forma, evitaban tener que someterse nuevamente a los costosos (y no exentos de riesgos) tratamientos de estimulación ovárica que se emplean para obtener los óvulos que se emplean en las fertilizaciones in vitro.

Además, agrega la doctora Lancuba, “los tratamientos de estimulación ovárica hoy son más «suaves», por lo que obtenemos un número menor de óvulos que antaño”.

Ambos factores, sumados a la creciente demanda de tratamientos de fertilidad asistida en los que se requiere la donación de óvulos, crearon una demanda que finalmente desembocó en el actual uso de las llamadas “donantes pagas”.

“Las mismas pacientes comenzaron a traer a las donantes, que primero eran familiares o amigas, y después eran personas a las que secretamente les pagaban sin que nosotros lo supiéramos -cuenta Barón-. De a poco esa situación se fue blanqueando y finalmente comenzaron a acudir mujeres a los centros en los que se realizan tratamientos de fertilización asistida ofreciéndose como donantes, porque alguien les había dicho que se pagaba la donación.”

SIN DEUDAS PENDIENTES

Las doctoras Barón y Lancuba coinciden en que la aparición de las donantes pagas permitió reducir el tiempo de espera para conseguir óvulos, tiempo que años atrás llegó a medirse en años y hoy no suele superar los 6 meses.

Barón incluso rescata otros aspectos positivos de esta forma de donación: “En las receptoras de óvulos donados siempre está presente la fantasía de que en el futuro la donante le va a reclamar al hijo -señala-. Para las receptoras, es algo muy aliviante saber que la mujer que dona tiene sus hijos y que no se los va a reclamar.”

Además, continúa la especialista en reproducción humana, “el pago significa el cierre de un trato en el que no quedan cosas pendientes ni deudas afectivas, como sí sucedía antes cuando la donante pertenecía a la familia o era una amiga, y la receptora sentía que quedaba en deuda de por vida con la donante”.

Barón recuerda el caso de una pareja en la que la donante había sido la hermana de la mujer: “El marido me dijo una vez «yo ahora no me puedo pelear nunca más con mi cuñada»”. .

Por Sebastián A. Ríos
De la Redacción de LA NACION

 

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dic/11

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¿Hasta dónde llega la medicina?

Ser madre después de los 40 es hoy un signo cultural. Sin embargo, en su pulseada contra la biología, la ciencia enfrenta barreras que no ha podido derribar

Lucrecia Garzo tuvo a su primer hijo, Tobías (de 3 años), a los 50. Foto: Daniel Pessah

Nadie duda ya de cuánto ha avanzado la medicina en el acompañamiento de las mujeres que, por cuestiones culturales, retardan su maternidad. Ahora, la cuestión invita a reflexionar y poner los pies sobre la tierra. ¿No hemos exaltado demasiado el rol de los científicos, olvidándonos de que aún no podemos jaquear por completo a la biología? La imagen es así: una señora, figura muy conocida, posa sonriente para todas las tapas de revistas y es presencia fija en los programas de televisión con más audiencia. Ya cumplió 50, pero tiene en brazos un bebe de menos de un mes, rozagante, perfecto. ¡Y es su hijo!

Entre las “escenas milagro” con que la ciencia contemporánea nos ha sorprendido, la maternidad en mujeres grandes ha sido quizás una de las más alentadoras a la hora de medir los grandes avances médicos, los logros que hacen que una mujer pueda tener un hijo a la edad en que muchas otras son abuelas.

Los límites que parece imponer la naturaleza se saltan una vez más. ¿Así de fácil es todo? ¿Cómo lo ha conseguido esa mujer que sonríe y es madre? ¿A cuántas, como ella, puede asegurarles la ciencia seria que lo lograrán? “Es una suma de cuestiones -reflexiona Ramiro Quintana, médico especialista en reproducción y director de Preservar Fertilidad-. Cuando una figura conocida de 50 años o más sale diciendo que tuvo un hijo sin aclarar que fue con ayuda del óvulo donado de una mujer más joven, ese mensaje no es nada bueno. No existen publicaciones científicas que den cuenta de nacimientos con óvulos propios en mujeres de esa edad. Es el médico que está detrás de ella quien la estimula a que entregue ese mensaje incompleto, porque con su ejemplo está diciéndole al resto: «Anímense, éste es el genio que lo hace». En nuestro país, esta clase de cosas negativas están muy potenciadas. Creo que si aquí viniera Antinori (Severino, el médico italiano que ayudó a ser madres a mujeres de 60 y más) sería publicitado, vendido y mostrado, mientras que en el mundo entero, en cambio, está muy mal catalogado.” De la mano de mujeres que decidieron estudiar y aspirar a buenos empleos antes -cronológicamente- de casarse o tener hijos, y de los avances genuinos de la medicina reproductiva, la maternidad bien entrados los 30 es un fenómeno ya instalado en nuestra cultura. Sin embargo, pese a sus éxitos, tiene una “pata floja”. Esa pata floja de la maternidad tardía se llama biología. “En materia reproductiva tenemos el mismo reloj biológico que hace miles de años -dice Santiago Brugo Olmedo, director médico de Seremas-. En la Edad Media, una mujer de 40 años, si llegaba, era una anciana. Hoy a los 40 está espléndida, pero sus ovarios no evolucionaron al mismo ritmo, y lo más probable es que le cueste ser madre. Además, ninguna viene a decirnos: «Doctor, voy a hacer una carrera antes de tener un hijo». Vienen después.” La mala información -o la desinformación- parece ser una arista del problema. Un reciente relevamiento de Concebir (ONG que apoya a parejas con problemas de fertilidad) reveló que en el 30% de los casos, en las parejas que consultaban por primera vez la mujer tenía más de 35 años, y que el 40% había demorado más de un año la primera consulta médica, después de intentar el embarazo sin éxito.

 

“A menudo recibimos mujeres a quienes su médico les dijo que mientras menstrúan son fértiles -explica Liliana Blanco, directora de Procrearte-. Es difícil decirles que no siempre es así. Por eso, lo primero es ser claros: la fertilidad en el ser humano es muy ineficiente. Una pareja joven y sana, en la edad de máxima capacidad reproductiva, tiene una posibilidad en cuatro de conseguir el embarazo cada mes. El objetivo que tenemos con los tratamientos es llegar a esa fertilidad natural que, de por sí, es muy baja.”

LA TORMENTA PERFECTA

En nuestro país, la tendencia a la “maternidad tardía” se vincula con un grupo de mujeres que, si bien está en aumento, representa menos del 15% de quienes se convierten en madres cada año. Son aquellas con más alto nivel educativo, que gozan de una más alta inserción en el mercado laboral. Lo dice la licenciada Carina Lupica, directora ejecutiva del Observatorio de la Maternidad. “En nuestro país, sólo las mujeres con nivel educativo superior postergan su maternidad para finalizar su carrera universitaria y desarrollarse profesionalmente. La edad a la que una mujer tiene su primer hijo se correlaciona con su nivel de estudios. A medida que se avanza, el promedio se retrasa entre uno y dos años: quienes poseen bajo nivel educativo, es decir, secundario incompleto, tienen su primer hijo a los 21,3 años; las que completaron el secundario, a los 23,3 años; las que ingresan en el nivel terciario o universitario pero no lo terminan, a los 24,3 años. Y las que completan estudios terciarios o universitarios debutan en la maternidad a los 27,2 años. En la Argentina de las últimas tres décadas se ha registrado un crecimiento exponencial de madres que finalizan la universidad, un porcentaje que pasó del 7,3% en 1985 al 18,6% en 2006.” Según la economista estadounidense Sylvia Ann Hewlett, de la Universidad de Columbia, poco después de los 35 años muchas mujeres con carreras importantes en los Estados Unidos se enfrentan a una situación que ella denomina “la tormenta perfecta”: podrían seguir ascendiendo, pero notan que existe un “techo de cristal” que les impide aspirar a un cargo mayor con la misma facilidad que tendría un hombre igualmente capacitado. Al mismo tiempo, quieren tener un hijo o deben ocuparse de sus propios padres, ya mayores. El resultado, dice Hewlett, es que un 37% se toma un recreo y deja su trabajo, a menudo luego de ser madres por primera o por segunda vez. Suelen volver a los dos años, en promedio. Pero con frecuencia eso corta sus carreras y les cuesta retomar la posición.

“En nuestro país faltan datos estadísticos -agrega Carina Lupica-. Pero un estudio de Mabel Burín realizado en 2003 indica que las mujeres argentinas no abandonan el trabajo cuando tienen hijos. No obstante, disminuyen su dedicación en favor del cuidado de los niños cuando son pequeños. Aun cuando mantienen la misma carga horaria anterior al nacimiento, en el tiempo poslaboral se observa una intensa energía en los cuidados y atención hacia ellos. Burín plantea que las madres que quieren ascender en sus puestos laborales sufren una tensión importante para conciliar la vida familiar y la laboral, que finalmente suelen resolver postergando su carrera y sus actividades de formación profesional, o bien reduciéndolas a un mínimo.”

“Resulta un mito que la mujer va a tener tiempo de formar una familia después de encaminar su profesión -dice la doctora Paola Delbosco, de la Escuela de Dirección y Negocios de la Universidad Austral (IAE) y el Centro de Investigación Standard Bank Conciliación Familia-Empresa (CONFyE)-. Cuando está todavía en condiciones de hacerlo enfrenta seguramente más responsabilidades laborales que en la fase inicial de su carrera. Es así como, en profesiones tales como abogacía, en cargos jerárquicos en bancos y en multinacionales que implican muchos viajes y la posibilidad de ser trasladada al exterior, hay más mujeres sin hijos. Todavía deben resolverse viejos paradigmas, que le exigen a la mujer olvidarse de sus proyectos personales, y sobreadaptarse si quiere ser investida de poder.”

Delbosco dice que el panorama no es muy alentador, pero hay indicadores que anticipan nuevas alternativas de conciliación entre la mujer laboralmente poderosa y la madre de familia. “Modalidades de soft landing para la vuelta al trabajo, con jornadas de 4 horas y guarderías (en nuestro país, la Ley de Contrato de Trabajo contempla esta última opción). Un empleador debería entender que si a los 35 años una mujer aspira a un puesto jerárquico y no ha sido madre, el trabajo admite encararse de una forma innovadora gracias a la tecnología, que permite alto grado de compromiso aunque no incluya la presencia física. Además, deben operarse cambios profundos dentro de la familia. Ser madre no es sólo un interés para la mujer; también quieren tener hijos los varones, y la llamada Generación Y (personas nacidas durante las décadas del 80 y el 90) quiere una vida integral, no limitada al éxito profesional.”

LOS PASOS DE UNA SECUENCIA

¿A qué edad comienza a disminuir la fertilidad femenina? “Desde el momento mismo de la gestación -explica Blanco-. En el vientre de su madre, una niña por nacer tiene aproximadamente 10 millones de folículos (futuros óvulos); al nacer le quedan alrededor de 3 millones; cuando llega su primera menstruación, unos 400 mil. No se conoce exactamente a qué se debe este fenómeno de apoptosis, o muerte celular programada, pero así ocurre. A medida que pasan los meses y los años, el organismo selecciona un grupo de folículos, uno ovula y el resto se atrofia. Es decir, en forma permanente estamos perdiendo capacidad reproductiva. Pero a partir de los 37 años se produce una drástica caída.” En realidad, la luz amarilla, dicen los últimos estudios, comienza a encenderse una década antes: ¡a los 27! “Hasta esa edad las posibilidades de embarazo son de cerca del 25% en condiciones ideales. Luego, hasta los 32, baja a menos del 20%, y a partir de los 37 va disminuyendo todavía más -explica Ramiro Quintana, director de Preservar Fertilidad-. Pero este cálculo es dentro de la población general… Si le sumamos enfermedades como hipotiroidismo, endometriosis, poliquistosis ovárica, las posibilidades son aún menores.” Una manera de obtener precisiones acerca del potencial reproductivo es a través del dosaje de la hormona antimulleriana (AMH ) en sangre, que permite medir la reserva ovárica. O sea, determinar de cuántos folículos antrales (es decir, que crecerán) disponen aún los ovarios. La AMH se relaciona en forma inversamente proporcional con la edad, aunque existen también mujeres jóvenes con baja proporción de esta hormona.

Santiago Brugo Olmedo es enfático: “Puede sonar utilitarista y hasta frío, pero la recomendación es que si a los 35 años una mujer aún no fue madre y quiere posponer su maternidad por alguna causa (no tiene pareja, le ofrecieron un puesto jerárquico y un hijo la complicaría), debería vitrificar sus óvulos. La «juventud» de sus óvulos es crucial. Esto no pasa con los varones, entre quienes, si bien con la edad disminuye la fertilidad, jamás ocurre de una forma tan contundente. Si una mujer quiere ser madre a los 45, 46 o 47, con óvulos reservados 10 años antes tendrá muchas más posibilidades. Será tal vez un embarazo más complicado, pero perfectamente posible”.

Los óvulos son gametos de alta complejidad biológica: mientras el hombre fabrica millones y millones de espermatozoides, la mujer ovula uno por mes. Célula compleja y grande, hasta hace algunos años el único modo de preservarlos, que era la congelación, no daba buenos resultados cuando los óvulos eran devueltos a su temperatura natural. Sin embargo, la vitrificación (ver infografía) cambió el panorama. “La sobrevida de los óvulos vitrificados es superior al 90%, y la tasa de embarazo, similar al momento en que se congelaron”, agrega Ramiro Quintana.

Si bien los costos para vitrificar óvulos no son uniformes y -como suele ocurrir con los procedimientos de la medicina reproductiva- no tienen reconocimiento de prepagas u obras sociales, oscilan entre 1500 y 1800 dólares y unos 100 dólares anuales para su mantenimiento.

Cuando la hormona antimulleriana (AMH) indica que la reserva ovárica es muy baja, la mujer tiene cerca de 40 años y no ha vitrificado sus propios óvulos, aparece otra posibilidad: la ovodonación. “La donación de óvulos es el tratamiento que más chances da, sea cual sea la edad de la paciente y el problema -asegura Ramiro Quintana-. Son óvulos de mujeres jóvenes, con varios hijos. Pero atención: si viene una paciente que está en el límite de edad y de AMH, para el médico puede ser muy fácil aconsejarle directamente que vaya a ovodonación. Tendrá que pensar menos en estrategias posibles y su consultorio se llenará, porque el altísimo número de embarazos será su propio marketing. Pero hay muchas mujeres que tienen posibilidades o que necesitan probar con sus propios óvulos, aunque las chances sean bajas, para enfrentarse con la realidad de su situación.”

“La tasa de embarazos con ovodonación es del 50%, tenga la mujer que recibe el óvulo 35, 43 o 50 años”, afirma Liliana Blanco y coincide con Quintana: sobreindicar la ovodonación es un error; la obligación del médico es informar cuáles son las posibilidades reales de embarazo. “Son tratamientos muy caros, en lo económico y en lo emocional, y a los 43 o 44 años las chances con un óvulo propio difícilmente llegan al 5 por ciento -acuerdan Quintana y Blanco-. De todos modos, la mayoría decide hacer el intento. Lo importante es que sepan la verdad: no existen casos documentados de nacimientos con óvulos propios luego de los 45, a no ser que se los haya vitrificado antes.”

“La donación es anónima, pero no altruista -advierte Brugo Olmedo-. No puedo decir cuánto se paga a una mujer que dona sus óvulos, pero para un centro de fertilidad representa una inversión muy importante, ya que son pacientes muy estudiadas. Tienen hasta 32 años, con dos o tres hijos, de sectores humildes; y deben ser sanas, no haber sufrido enfermedades o desnutrición. Para la mujer que recibe el óvulo, buscamos una donante que tenga un fenotipo similar en color de cabello, ojos y contextura física.”

Ramiro Quintana coincide con Brugo Olmedo en la cuestión del anonimato. ¿Qué pasa si una mujer pide el óvulo de otra mujer familiar o ligada a ella? “Una cosa es una hermana escandinava y otra una hermana argentina”, comenta Brugo Olmedo, y Quintana coincide. Pero Blanco dice que luego de entrevistar en profundidad a donante y receptora, puede aceptarse que el óvulo pertenezca a una mujer conocida, incluso familiar.

DECISIONES

“A la mujer suele costarle mucho aceptar la ovodonación -dice la doctora Luisa Barón, presidente de la Fundación para la Investigación Médico-Psicológica (Impsi)-. En especial aquellas que han valorado su autogestión e independencia, o son muy competitivas. Por eso, mi recomendación es que pruebe con sus propios ovocitos, especialmente cuando el diagnóstico de ovodonación no es totalmente claro.” Para el licenciado Darío Fernández, psicólogo especializado en medicina reproductiva de Centro de Ginecología y Reproducción (Cegyr), y asesor en la donación de gametos, “siempre hay un duelo genético por la pérdida de la posibilidad de transmitir ciertas características que dependen de los genes. También, muchas preguntas frente a la decisión -afirma-. Es frecuente que se intente mantener en reserva por temor a que el niño sea discriminado. Lo importante es acompañar este proceso de aceptación, que no es sencillo y a veces lleva años. Lo psicológico, además, no se transmite genéticamente: todo lo que esa mujer tiene para dar como madre está intacto”. La psiquiatra Luisa Barón enfatiza que el duelo genético es un lugar de pasaje inevitable, única manera de garantizar una buena relación con ese hijo. “Este duelo se suma a los anteriores -dice Barón-: no haber podido concebir naturalmente ni con los tratamientos. La idea es que aceptar la ovodonación sea una alegría, algo que le permitirá lo que tanto desea. Además, llevará a ese hijo durante 9 meses adentro, lo alumbrará (para nuestras leyes, «madre» es la que da a luz), le dará de mamar, tendrán juntos toda una vida por delante como madre e hijo.”

La doctora Barón desestima temores y angustias frente al hecho de informar o no sobre la ovodonación. “Existen maneras de plantearlo y estudios interesantes acerca de qué ocurrió al decirlo -asegura-. Incluso hay chicos que han querido conocer después a quienes donaron gametos, porque en esos países la ley lo autoriza, y eso en absoluto cambió o afectó la relación con sus padres. A la hora de construir la identidad, en cambio, está bien demostrado el perjuicio que ocasiona cualquier forma de ocultamiento.”

DE PROMESAS Y MENTIRAS

¿La medicina reproductiva nos prometió más de la cuenta? Ramiro Quintana insiste en destacar la importancia de que los médicos proporcionen información precisa, en lugar de caer en la trampa de la espectacularidad mediática. “Los médicos fuimos los primeros en creer que estaba todo listo -recuerda, por su parte, Brugo Olmedo-. A mitad de los años 80, con la primera fertilización in vitro, estábamos convencidos de que se acababa la esterilidad. Pero, aun así, seguía habiendo mujeres sin embarazos. Cuando en el 93 apareció el ICSI (Inyección Intracitoplasmática de un espermatozoide), estuvimos convencidos otra vez: hombres sin espermatozoides podrían ser padres. Pero no. La medicina reproductiva no dio respuesta a todo.”

Adolescentes a los 30, adultos jóvenes a los 40, adultos -finalmente- a los 50. El mito de la eterna juventud parece gozar hoy de más vigencia que nunca. Pero es eso: un mito. “La naturaleza no puede darnos hijos a cualquier edad -concluye Ramiro Quintana-. Es cierto: una mujer puede dejar momentáneamente de lado una carrera importante para ser madre y el trabajo, después, tal vez le «cobre». O no, eso no se sabe. La biología, en cambio, le cobrará siempre.”

Por Gabriela Navarra
revista@lanacion.com.ar

UN RAMO DE FLORES INOLVIDABLE

Hacía tiempo que María Mercedes Aostri (44) y Fabricio Omiccioli (37) estaban juntos, cuando decidieron buscar un hijo. Después de años descubrieron que ella tenía un problema en la sangre: trombofilia. Luego del tratamiento, el 14 de febrero del 2008, a los 41 años, María Mercedes trajo al mundo a Ramiro e Ignacio. “Cuando sos más grande tenés otra percepción de la vida. Se los disfruta con más serenidad -dice María Mercedes-. También es cierto que la demanda física se siente: no es igual quedarse varias noches sin dormir o mal dormida.” Familia y amigos recibieron con mucha alegría el embarazo de María Mercedes. Ella recuerda que Fabricio la esperó en la puerta de la clínica con un ramo de flores inolvidable. La edad, dice, no supuso mayores cuidados que cualquier embarazo de mellizos. “Tuve un hematoma, frecuente en los embarazos múltiples, y me cuidé también por el trastorno de la sangre, pero nada más”, explica. La llegada de Ramiro e Ignacio cambió por completo la rutina de la familia. “Hasta los siete meses me ayudó Sonia y ahora están Iris e Inés; sin ellas sería imposible -dice-. Yo sigo trabajando normalmente: estoy en el Banco Ciudad, como oficial Pymes, con un horario fijo que me permite acomodarme bien.”

EL ÚLTIMO INTENTO

Lucrecia Garzo (53) había buscado un hijo durante varios años con diferentes tratamientos hasta que, a los 49 años, descubrieron que tenía trombofilia. Decidió hacer un último intento y a los 50 tuvo a Tobías. “Para mí, la llegada de mi hijo fue y es la felicidad más grande que me dio la vida -asegura-. Yo había trabajado en mi profesión (arquitectura), tuve la libertad para hacer lo que quería… Viajar… No tenía ninguna asignatura pendiente. Es real -pero no lo vivo como un problema- que todos mis amigos ya tienen hijos grandes. Mis sobrinos también lo son, así que Tobías pasa bastante tiempo entre adultos, y tengo que insertarlo más obligadamente en actividades con chicos de su edad.” Cuando Lucrecia supo que estaba embarazada, sintió que “al ser más grande tenés más conciencia de la muerte. Pensaba que se podía quedar solo siendo muy chico, pero me di cuenta de que esas situaciones pasan a cualquier edad. Otro miedo que tenía era que no naciera sano”. Al principio, recuerda, no fue fácil. “Muchos pensaron que estaba loca con un hijo a esta edad; otros me apoyaron incondicionalmente. Las reacciones fueron muy diversas. Luego, las cosas cambiaron -dice-. Tobías siempre fue conmigo a todas partes desde cuando era bebe, a reuniones de amigos, a comer. Sigo trabajando como supongo lo hace cualquier mujer que tiene hijos; obviamente, con muchas más complicaciones y responsabilidades. Pero algo está muy claro: él es lo más importante.”

Y LLEGÓ GUADALUPE

María Eugenia Molina (42) y Raúl Ramos Fernández (47) se conocieron grandes. Siempre tuvieron en claro que querían formar una familia, pero aun así esperaron varios años antes de decidir dar el primer paso. Y necesitaron ayuda de la ciencia. Hace un año llegó a sus vidas Guadalupe. “Antes de tenerla hice de todo: viajé, tomé cursos de inglés, fui a clases de gimnasia, me moví con total libertad para visitar a mi familia, que vive en Tucumán. ¿Qué me preocupa? Bueno, que cuando ella tenga 15 espero estar abierta mentalmente a cosas como los floggers, los piercings, los tatuajes… (risas)”, dice la feliz mamá. María Eugenia recuerda que cuando le dijeron que estaba embarazada tuvo miedos: que el embrión no se implantara bien, que no fuera normal, que fuera un parto complicado. Pero nada de eso ocurrió.

“Mi rutina después de su llegada cambió radicalmente -dice-. Al comienzo sentí una inmensa alegría y a la vez una gran responsabilidad. Cambié mis horarios, mis obligaciones, mis actividades. Los primeros meses fueron difíciles, porque dormí poco. Volví a trabajar a los cuatro meses, cuando Guadalupe empezó el jardín maternal.”

 

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